En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#28, RECOMENDADOS / Sep, 2017

Mis modelos de conducta, de John Waters

Las preferencias para espiar la constitución de un ductus tan particular como podría ser el del director de la película de culto Pink Flamingo no requieren mayores incentivos. Waters, bien sabemos, no sólo es un director independiente, sino también el agitador de fiestas hollywoodenses, el creador de celebridades
bizarras, un vanguardista en el consumo de moda, un habitué de bares nada recomendables y un escandalizador recurrente de los modos de la sociedad norteamericana. El director de Baltimore propone un libro particular e inquietante: recorrer, y sobre todo, entender, el lado oculto de la cultura americana.
En casi todo el libro, sobrevuela el matiz biográfico y se comprende porque no hay gratuidad alguna, Waters se formó a partir de esos gustos, esas elecciones, esas experiencias y esas razones. El despliegue de “modelos” está formado por los más diversos personajes de la cultura estadounidense: desde los esperados
dada la personalidad del autor como directores de cine porno gay convencionales o duros, dueños de bares peligrosos, actores y actrices conocidos, integrantes de la alta sociedad, a diseñadores/as que modificaron gustos e impusieron tendencias, hasta cantantes de música melódica de una cursilería extrema. Todos ellos
señalan una conducta que Waters rescata, algunos por arriesgarse a cambios extremos en su campo, como algunos directores o fotógrafos; otros por iniciar senderos nuevos en el ámbito del diseño; e, incluso, salva del olvido a artistas que persistieron con su estilo a pesar de parecer anquilosados u olvidables. Pero, no hay
que olvidar que es un libro sobre modelos alternativos de una cultura y ésta aparece cada tanto para recordarnos que, por más rupturista que pueda ser una figura pública, pertenece a una sociedad y una historia. Entonces merece especial atención el tratamiento cuidadoso dado a la aparición de algunas prostitutas, algunos adictos o a los integrantes del ejército.
Waters indica con sutileza cuáles fueron los modelos para llegar a su figura pública, cómo los apreció, conoció o perdió. Guía la lectura hacia esa parte de toda cultura que no aparece en las tarjetas postales o los sitios turísticos, aunque no se posiciona sólo en la vacuidad del escándalo porque sabe, y hace saber a sus lectores, que la mayoría de los gustos rondan lo inconfesable o lo velado, o, cuando menos, lo incómodo.

Sergio de Miranda es Lic. en Letras. Docente investigador en la FAyD y en la FHyCS, UNaM.

Datos de la obra
Título: Mis modelos de conducta
Autor: John Waters
Año: 2012
Ed.: Caja Negra, Bs. As.
Trad.: Pablo Marín.

Link: http://www.cajanegraeditora.com.ar/libros/mis-modelos-de-conducta

#28, MISCELÁNEAS / Sep, 2017

Martillo de luz

construirnos imágenes
para intentar tener control
darle un lugar constitutivo
a nuestros recuerdos
a veces son coordenadas
diáfanas que pasan
y no comprometen
lo inmediato
otras;
somos una flor
que se alimenta
en el interior de una caja negra
pero no conserva
ninguna relación con la hipótesis personal
del accidente
un relámpago
que se sale del lenguaje
una planicie fiel
fértil que sedimenta una reflexión
apta para sentir
un falso calor exuberante
la herramienta
más cercana al vapor
donde la melancolía
y la dicha
pueden transformar el espacio
(en esa única sensibilidad
ya no son parte
de un síndrome bipolar)
es el martillo de luz
que corta,
tajea y nutre así
nuestra existencia:
sólo la memoria del cuerpo
puede restituirlo todo
sólo la piel
abre la puerta del presente

JOAQUÍN OREÑA es poeta y estudiante avanzado de Licenciatura en Psicología de la UBA.

#27, TAPA / Ago, 2017

Reseña desorganizada sobre Flasmagroom de Mauro Koliva.

“La imagen se ha revuelto en alusiones, a veces incluso en indeterminación de sus elementos”

Eduardo Rubinschik. Fragmento del texto para la muestra.

Como un organismo vivo los dibujos y objetos del artista Mauro Koliva nos van invadiendo, estimulando e infectando nuestra percepción: la propia referencia acerca de la plastilina y la birome jamás será ya la misma. Cargado de líneas, texturas y miles de formas que se entrelazan, generan un vértigo inexplicable. “La textura es lo que trasciende lo figurativo y lo abstracto, es como una descripción del material” dice Mauro. En su muestra Flasmagroon, Mauro somete a la línea y a la lapicera a sus más oscuras imágenes, donde la primera sensación producida es el asombro ante la cantidad de incalculables trazos que componen cada obra. Precisión quirúrgica en el empleo de la constitución de los puntos, vertiginosidad en el efecto del trazo que se produce al componer con ojo del espectador la imagen final, su totalidad fragmentada.

Hablo de Mauro Koliva desde la proximidad, pero para aquellos que aún no lo tienen entre sus artistas argentinos favoritos es indispensable saber que nació en Misiones y siempre con la idea fija de hacer arte, Koliva pasó por la Facultad de Arte  (hoy FAyD) donde aprendió algo muy importante: lo que quería ser y lo que no quería ser. Ya como Licenciado en Artes Plásticas a modo de “catapulta” la academia lo expulsó a nuevos horizontes; horizontes en lo que algo quedaba claro: Koliva es un valioso artista y un indiscutible generador “de cosas” , varias que deberían ser memorables para los estudiantes de artes y de las cuales considero indispensables nombrar que junto a Maxi Peralta, Hugo Braga y Héctor Borges promovieron el primer espacio de experimentación como alumnos/artistas dando nacimiento al Centro de Arte Contemporáneo en la Facultad de Artes, como también su compromiso siendo  alumno, en su modo de implicación en la lucha por la actualización de plan de estudios de la Licenciatura en Artes Plásticas.

Entre sus recientes reconocimientos nacionales, fue el artista seleccionado de Misiones para la muestra “Congreso de Tucumán: 200 años de Arte Argentino” que sigue recorriendo el país.

Los invito a conocer su admirable trabajo y a leer algunos artículos sobre este artista que seguramente promoverán nuevos tipos de objetividad en cuanto a la muestra Flasmagroon, siempre dejando en claro que sus obras “vuelven a sorprender por la complejidad de una línea que construye atrapantes universos visuales”

 

Valeria Anzuate es artista visual, performer y gestora cultural. Licenciada en Artes de la FayD. Cursa la Especialización en Curaduría y Comunicación del Arte.

 

Link relacionado: http://www.galeriavasari.com.ar/es/muestras/detalle/86

#27, CINÉFILOS / Ago, 2017

Después de vivir un siglo…

Dirigida por el chileno Andrés Wood, también autor de las premiadas Historias de Fútbol, La fiebre del loco, y Machuca; basada en la biografía homónima de Ángel Parra, la película titulada Violeta se fue a los cielos (2011) cuenta la vida y obra de Violeta Parra, una de las artistas más emblemáticas de la historia latinoamericana del siglo XX. Además de tener éste como eje central de la película, el cineasta también aborda críticas en el aspecto socio cultural y económico de Chile, como también lo hace en otros de sus films.

A través de una focalización interna variable podemos entrar en el punto de vista de muchos de los personajes, pero sobre todo de Violeta (interpretado por Francisca Gavilán), y el espectador sabe tanto como ellos nos cuentan: a través de un montaje que no sigue una línea cronológica directa, podemos viajar tanto a su infancia como a su adultez, tanto al instante en el que recibe su primera guitarra como al momento en convertirse en ser la primera latinoamericana en exponer su trabajo plástico en el museo del Louvre, en París. Pero lo interesante de todo esto es que, a través de dichos recursos cinematográficos, podemos sumergirnos en el interior de cada personaje, todo lo que sintieron y pensaron en los momentos que atravesaron.

También muchos planos muestran su dicha y desgracia ante distintos acontecimientos de su vida, por lo que también debemos aplaudir a la actriz Francisca Gavilán por su trabajo, quien se tomó un año entero para estudiar el papel, no solo para personificar, con sus aciertos y contradicciones, el fuerte carácter del personaje sino también para igualar el color de voz de la cantante, ya que la película también genera una banda sonora propia, adaptando la música de Violeta a versiones propias, jugando entre la auricularización interna al escuchar lo que los personajes oyen y la auricularización 0 mezclándose ésta música con otras escenas en un montaje paralelo.

Si bien Wood ha declarado haber tenido un gran miedo al proyecto debido a la carga inmensa que conllevaba contar a tan colosal artista, la aclamación de la crítica, el éxito de taquilla, los premios conseguidos a nivel nacional e internacional y la película en sí reflejan el triunfo de este largometraje en todo sentido.

 

Wally Monzón es ilustrador y estudiante avanzado de la Tecnicatura en Medios Audiovisuales y Fotografía, FAyD.

Link: https://www.youtube.com/watch?v=na4T1Z9STO0