En La Mira

ISSN 2618-3056

Una mirada que indaga: ideas sobre El Culto

En los últimos años, el arco mediático argentino se ha volcado a tensionar posiciones políticas y/o ideológicas al presentarlas como opuestos que no resisten fisuras ni puentes entre las partes. Así, el corpus social se disputa el estar a favor o en contra de las posiciones ideológicas, presentadas y pensadas más bien como un partido de fútbol que como una construcción de las herramientas políticas, sociales y culturales de las que nos valemos.

En ese sentido, el largometraje documental El Culto entra en un terreno que adscribe posiciones a favor y en contra bastante marcadas en lo social, sobretodo pensando las disputas de derechos sociales y las figuras políticas surgidas al calor de estas disputas. Más allá de estas dicotomías, la directora de esta obra expone abiertamente el lugar desde el que enuncia y nos acerca a una mirada etnográfica de la espiritualidad evangélica en la ciudad de Córdoba.

Se trata de un trabajo observacional que, a través de un montaje paralelo, nos presenta cuatro cultos en diferentes iglesias evangélicas de una misma ciudad. Las imágenes inician en los preparativos que realiza cada iglesia y narran hasta el momento en que la gente se aleja de la misma. En todo ese proceso, la directora pone en evidencia una serie de elementos que nos plantean diferencias, similitudes, acercamientos y, sobretodo, formas de ver, entender y/o vivir la espiritualidad.

En cada culto hay diferencias etarias, políticas, económicas y hasta espirituales. Los discursos asumen de donde provienen, desde quienes niegan el lenguaje inclusivo hasta quienes agradecen la educación pública del Estado, quienes se sientan en círculos mientras tejen y quienes se sientan en bancas de madera mirando al atril, quienes saltan escuchando una banda de rock y quienes se mueven al ritmo de la coreografía que acompaña a un grupo de cuarteto.

Los diferentes cultos de los pastores también se ponen en evidencia con un seguimiento casi minucioso de lo performático, de lo que dicen y de lo que omiten. En esta secuencia, los imaginarios sociales sobre el culto se niegan, se afirman y se repiensan, complejizando aquello que sabemos o que creemos saber. El trabajo etnográfico en esta obra funciona como guía para plantear reflexiones, preguntas y curiosidades en torno a lo institucional, lo político y lo espiritual.

El culto, a contracara del panel mediático del que me refería al comienzo, no busca un planteo dual entre aquellas posiciones a favor o en contra, o peor, entre lo bueno o lo malo según la propia moral; por el contrario, plantea una profunda indagación íntima para entender dinámicas y lógicas que atraviesan la esfera espiritual y se funden con el status social, la cultura popular y los discursos ideológicos.

Leandro Zerbatto. Técnico en Medios Audiovisuales y Fotografía (UNaM), Lic. en Cine y Audiovisual (UNILA), Maestrando en Cine de América del Sur (UNA).

Ficha técnica:

Título original: El culto

Dirección: Almendra Fantilli

Producción: Lumen

Género: Documental | religión.

Año de estreno: 2020

País de origen: Argentina

Duración del film: 62 min.

Fotografía: Oscar Sapere, Gonzalo Valenzuela, Marcelo Paiva.

Una muestra de miembros sin cuerpo

Sobre la exposición de dibujos de Luis Ortega Bárbaro en el Museo “Juan Yaparí”

Cuerpo sin cabeza de Luis Miguel Ortega Bárbaro se presentó en el Museo “Juan Yaparí” (Posadas, Mnes.) en la segunda mitad de octubre de 2021. Según podía leerse al ingresar al salón, el título de la muestra obedecía a la exposición de un conjunto de dibujos (el cuerpo) sin un concepto en particular (la cabeza) que vinculara cada pieza. Incluso ninguna de esas piezas posee título.

El conjunto presenta sí algunas temáticas recurrentes (el fuego, las aves, ojos, cabezas, la noche, etc.) materializadas en lápiz o acrílico sobre papel y expresados de muy diverso modo (del blanco y negro a estallidos de colores pasando por combinaciones contrastantes o de austeridad cromática). También la muestra ofrecía una variedad de estilos que iban desde similitudes con artistas tales como Magritte y el arte kitsch, hasta las ilustraciones para portadas de publicaciones de ciencia ficción o libros infantiles pasando por cierta búsqueda figurativa-realista de aves e insectos y escenas de novela gráfica.

Ortega dio muestra así de cierta versatilidad técnica en el abordaje de temáticas, estilos y estéticas, sin dudas; sin embargo, la exposición de dibujos de tan variada gama y sin un concepto que a la vez provoque y delimite sentidos hizo equívoca la idea de “cuerpo” en tanto conjunto de piezas que componen un corpus, una obra. No asistimos a un “cuerpo sin cabeza” sino a una dispersión de miembros que podrían pertenecer a diferentes cuerpos.

Consideramos que el problema que planteamos aquí no es responsabilidad de Ortega. Una muestra de arte en un espacio institucional de exhibición (sea un museo público o una galería particular) es un trabajo en el que no sólo debería intervenir el artista, sino un conjunto -aunque sea mínimo- de personas para que la obra cobre la relevancia que debería tener si se decide exhibirla. Al llegar al Museo Yaparí, por ejemplo, nos recibió una persona que ignoraba casi todo en relación a los dibujos y a su autor; el texto de presentación sin firma estaría redactado por el propio Ortega, intuimos. La muestra carecía de la orientación necesaria de una instancia de curaduría, la que debería ser provista por las autoridades del propio Museo. 

Así, asistimos a un conjunto disperso de trabajos, ponderamos que la recepción del mismo se dejó librado al azar del gusto particular de los espectadores y no a una enunciación plástica que constituyera un discurso más o menos sólido. De modo que, a causa de cierta indolencia institucional por parte del Museo, la muestra de Ortega en lugar de exhibir las cualidades de un artista en crecimiento dispersó la atención en virtud de lo meramente llamativo de los dibujos y el color. 

Sergio Quintana es Profesor y Licenciado en Letras. Magíster en Semiótica Discursiva. Se desempeña como docente e investigador en la FAyD, UNaM.

Semiótica: ¿y eso qué es?

Quien estudia una carrera de orientación humanística, inevitablemente va a sufrir en algún momento de su carrera -o no-, tener que lidiar con una asignatura llamada Semiótica. En algunos casos, ese padecimiento solo dura un cuatrimestre, en otros, varios años. “Sacar a la calle” la academia y sus ideas es bastante complejo de hacerlo en términos de esta materia. Una que, justamente, más relación tiene con nuestra existencia.

Esto no significa que no haya otras ideas complejas que no sean llevadas al contexto diario para su análisis o que no anden circulando por medios reconocidos. Las hay, y muchas. Pero a la hora de tratar de aprender/entender que vivimos rodeados de signos que se estructuran sintáctica, semántica y pragmáticamente, todo nos parece chino mandarín, y ahí ni Peirce ni Saussure ni Eco ni Barthes pueden ayudarnos con tales reviros mentales que nos hacen les docentes tratando de explicarnos de qué va la cosa. Sin embargo, les misioneros tenemos la suerte de que haya alguien tan particular como la Dra. Ana Camblong para poder hacerlo de una manera magistral, por un lado, y amablemente coloquial, por otro. “Castellanizando”, por así decirlo, esa disciplina incomprensible con casos cercanos, reconocibles, ejemplificados para les simples mortales, nosotres… 

Desde 2013, gracias a la sección Preguntar es humano y del Suplemento Enfoque, ambos del diario Primera Edición, Camblong compartió una serie de breves ensayos que nos hablan de cómo significan nuestros actos en la cotidianeidad, con tono misionero y no exentos de cierto sarcasmo/humor del cual nos hace partícipes conversadores. Basta una hojeada rápida a los títulos para entender que este libro, aunque no sea de difícil lectura y comprensión, trata temáticas comunes y corrientes con una mirada profunda, pensada, compartida y necesaria desde la semiótica del día a día: Qué sentido tiene…, Alfabetizar, Andresito, Cuidar la palabra, ¿Qué significa “dar la cara”?, ¿Qué quiere decir “hacerse cargo”?, ¿Por qué no “me hallo a mí mismo”?, ¿Por qué hay que “ver para creer”?, ¿Qué es un candidato?, ¿Cuál es el límite?, ¿Será posible, che?, son algunas de las temáticas, frases o preguntas que compartimos todes. 

Por supuesto nuestra generación millenial o centennial es muy probable que no haya llegado a sus páginas en el periódico impreso. Quizás tampoco a su versión digital. No obstante, y para subsanar esta privación, la autora nos ha cedido estas joyas de argumentación y coloquialismo en formato libro, al que ingeniosamente tituló Como te iba diciendo. Ensayitos diarios, y pueden ser de gran ayuda, sin dudas, en las aulas tanto universitarias como del nivel medio, así como en la vida misma.   

Valeria Darnet es Lic. en Artes Plásticas, Esp. en Crítica, Mg. en Economía de la Cultura y Doctoranda en Artes. Docente Investigadora FAyD, UNaM.


Datos de la obra

Autora: Ana Camblong
Título original: Como te iba diciendo. Ensayitos diarios.
Año: 2018
Editorial: Alción Editora
Pp.: 218

Fuckland, el dogma del cine argentino

A mediados de los 90’s surgió lo que podríamos decir como la última corriente estética que intentó traer cierta “pureza” en el cine, donde los directores daneses Lars Von Trier y Thomas Vinterberg crearon un manifiesto y el voto de castidad con diez reglas que debían cumplir las películas para obtener un certificado, al inicio del film, que afirmaba pertenecer al tan religiosamente llamado Dogma 95. Las primeras películas fueron danesas, no demorarían mucho en llamar la atención y obtener reconocimientos en varios festivales, y que luego se irían sumando varios casos aislados de otros países. Como Fuckland (2000), de José Luis Marqués, una película argentina que se filmó clandestinamente en las Islas Malvinas y que logró inscribirse como el Dogma #8. 

Se trata sobre un argentino (Fabián Stratas) que viaja a las Islas Malvinas con la idea de tener sexo y dejar embarazadas a varias mujeres, para que los hijos con la nacionalidad argentina puedan repoblar/recuperar las islas. Esta filmada con una cámara que lleva el protagonista a todas partes, incluso colgada de su cuello, pero sin que la gente se dé cuenta que esta encendida. Así, la película es realizada con una impronta documental que se acerca mucho a su meta en el largo camino de la búsqueda por un registro lo más cercano a la realidad, sin mucha intervención (como lo demanda el manifiesto), a pesar de la inevitable y ardua tarea en el momento del montaje que seguramente tuvieron que hacer para seleccionar esos 84 minutos de las 65 horas de filmación. 

En cuanto al argumento, me parece que no hay discusión sobre lo patético que es. Se nota que su misión radica justamente en la controversia, en todos los sentidos. Delata por cuenta propia a la ficción que lleva adentro para demostrar que no todo fue instantáneo e improvisado, como en las tomas que no fueron filmadas por el protagonista y que son momentos claves del relato, como diciéndonos: “todo lo que estamos haciendo en esta película es malintencionado, sí, pero tenemos un límite”. Incumplieron los mandamientos del Dogma 95 (como lo hicieron todas, al final), generaron enojo en el pueblo británico y particularmente en los isleños que fueron filmados sin su consentimiento. Y, lo que quizás no imaginaron es que, además lograron el repudio del público argentino, no solo por la idea extremista refugiada en la soberanía, sino también por poner como protagonista (sin generalizar) a un típico porteño con plata que cuando viaja lo único que logra es dejarnos mal parados con su actitud soberbia y grotesca. 

Se puede servir como un experimento que alimente al debate clásico que se tiene sobre las fronteras entre la ficción y el documental, y por qué no como un ejemplo por parte del cine argentino, para ser testigos y vivenciar las consecuencias de todo lo mencionado anteriormente. Pero, si el paladar es más exquisito, esta película se puede comer una sola vez, y es preferible esperar a un plato principal de este tipo de películas, como podría ser cualquiera del maestro Abbas Kiarostami y principalmente Close-up (1990), donde además de hacerle jugar al espectador en esa hibridez, hay un compromiso más real desde lo político y humano.  

Maximiliano Quevedo es estudiante de Realización Cinematográfica en la ENERC sede NEA y de Crítica cinematográfica.

Datos técnicos 

Título: Fuckland

Año: 2000

Duración: 84 min.

País de origen: Argentina

Guión y dirección: José Luis Marqués

Música: Sergio Figueroa 

Fotografía: Alejandro Hartmann, José Luis Marqués, Guillermo Naistat, Fabián Stratas

Reparto: Fabián Stratas, Camilla Heaney.