En La Mira

ISSN 2618-3056

S/T – Sebastián Bona

S/T

Grafito sobre papel

Medidas 30×21 cm

Serie: SoL Negro – 2021

Sebastián Bona nació en 1987 en Rufino, Santa Fe, Argentina. Estudió Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario. Desde 2012 ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en distintos lugares del país, en concursos y salones nacionales. En sus muestras individuales se destacan Cuando el cielo se muera, en Gabelich Contemporáneo (2016), Reciclar la muerte para crear algo bello, En Luogo Espacio (2018) y El origen del Cuerno, Gabelich Contemporáneo (2019).
Ha hecho clínicas de arte con Verónica Gómez, Rafael Cippolini y Claudia Del Rio y realiza asistencia para diferentes artistas como Adrián Villar Rojas, Marta Minujin, entre otros.
En 2016 participa del programa Puente Colgante organizado por el Museo Macro+Castagnino (Rosario). Ha realizado numerosas residencias de arte, entre ellas, “R.A.R.O”. Buenos Aires, “La Pinguela” por Trillo Sustenthable, Oberá (Misiones), “Manta” de San Martin de Los Andes y “Raíces”, en Aconquija Catamarca. Ha participado en proyectos internacionales en EE.UU, Grecia y Turquía. Entre sus exhibiciones colectivas se destacan: Premio Itaú 2020, Salón de Corrientes 2019, Bienal de San Juan 2019, Bienal de Santa Fe 2018, Salón de Tucumán 2018 y 2017, Premio Vicentín 2018 y Bienal de Rafaela 2017.

https://sebastianbona.tumblr.com/

Los peligros de fumar en la cama – Mariana Enriquez

Siempre me encontré con resistencias para orientar mis lecturas hacia nuevas voces que aparecen en redes sociales y comentarios; sin embargo, este año quise salir de esta zona de confort y sobre todo encontrar nuevas escritoras que renueven el repertorio. En ese camino, me encontré con Los peligros de fumar en la cama de Mariana Enriquez, en un acto arriesgado tomé el libro sin mucha investigación previa, solo sabía que era una autora que estaban nombrando mucho en Twitter e Instagram.

¿Será una novela o cuentos? Pensé, y me dejé llevar por las historias, un cuento, dos, tres… no podía parar; una serie de relatos fuertes que coquetean todo el tiempo con la incertidumbre entre lo realista y lo no tanto, hilvanándose con temas de nuestro cotidiano y también con aquellos que rodean el imaginario colectivo. 

¿Es fantástico o terror? La verdad que los tintes cortazarianos hacen ver estos cuentos en la frontera de la duda que propone el género fantástico, lo extraño, y lo terrorífico de situaciones jamás pensadas.  En partes las descripciones pueden ser grotescas, pero realmente suman al sinfín de sensaciones que caracterizan al libro como adictivo. 

Una lectura liviana y novedosa, que me hace pensar que está bien seguir los instintos y animarse a las lecturas contemporáneas, a nuevas voces que nos abren a nuevos mundos retorcidos, a la percepción de nuevos sentidos en lo habitual y a la sed de más relatos que, según los medios, se aproximan a través de una nueva serie de Netflix, la cual estaré aguardando. 

Mariana Florencia Kachuk es Profesora de Lengua y Literatura. Integrante de proyecto de Investigación FAyD, UNaM.

Datos de la obra
Autora: Mariana Enriquez
Título original: Los peligros de fumar en la cama
Año: 2017
Editorial: Anagrama
Pp.: 232

Link editorial

El rock rioplatense: de MTV a Spotify

Levante la mano quien haya escuchado algo de las siguientes bandas de rock rioplatense: Mejor Actor de Reparto, Acorazado Potemkin, Facón, La Mujer Barbuda, Los Espíritus, Octafonic; o de los siguientes nombres propios: Axel Krigier, Francisco Bochatón, Nicolás Sorín. Todos estos nombres circularon o circulan aún dentro de ese imaginario que convencionalmente llamamos “rock” pero no llegaron a la trascendencia, proyección internacional y popularidad masiva que tuvieron -y tienen- Soda Stereo, YKV, Los Pericos, Los Auténticos Decadentes, Spinetta, Páez o Calamaro. 

No es un secreto que, de un tiempo a esta parte, hubo cambios culturales y tecnológicos que habilitaron espacios de difusión y posibilitaron la exposición de artistas que ya no están a merced de ser “descubiertos” por una compañía discográfica. La posibilidad de grabar en casa con tecnología accesible, el acceso a redes sociales y plataformas gratuitas para compartir las producciones, entre otras que surgen aceleradamente en el bioma digital internáutico. Así, se multiplicó exponencialmente el número de artistas (desde los aficionados menos rigurosos hasta los músicos profesionales) a lo largo del siglo XXI. En algunos casos, lograron captar un público más o menos amplio, más o menos fiel. Pero fuera de estos círculos de seguidores, se mantuvieron alejados de la masividad, de esa llegada de las grandes bandas y solistas que formaban parte del acervo colectivo más allá de que a uno le gustaran o no. Por ejemplo, uno podría no haber sido un seguidor de Los Redondos, sin embargo, difícilmente ignoraba su existencia o desconocía al menos el estribillo de “Un poco de amor francés”.

No sé si para bien o para mal, cierto paradigma (el del estrellato) comenzó a perder fuerza dentro del ambiente del rock rioplatense. El siglo XXI aún no nos ha provisto de un Cerati, de un Divididos, de un Babasónicos. No en tanto cualidades artísticas o talento, sino en tanto proyectos musicales de gran exposición pública. Hubo algunos conjuntos -El Mató a Un Policía Motorizado, por mencionar uno- que estuvieron cerca pero luego su popularidad se diluyó y repartió entre unos pocos “iniciados”. Otros mantuvieron cierto nivel de popularidad, pero en virtud de fórmulas para el éxito y en desmedro de la experimentación y la originalidad, como los uruguayos de No Te Va a Gustar, más inclinados a dar el gusto a un público de consumidores de cierto pop latino.

Creo que ese paradigma tuvo con Catupecu Machu su último referente y su carta de defunción fue el lapidario disco quíntuple de Calamaro, “El salmón” (2000). Luego de eso, las grandes estrellas del rock rioplatense mantuvieron su estatus mediante reciclados, reinvenciones y sociedades con bandas y músicos de otros ámbitos; en intentos más o menos dignos, más o menos afortunados, más o menos interesantes según el caso. Luego de eso, en las dos décadas que ya lleva este siglo, ninguna banda o solista logró trascender y permanecer en el tiempo con una propuesta estética sólida, con una identidad propia, con un carisma magnético. 

Como cierre, una aclaración: no escribo esta nota con nostalgia por un “pasado mejor”. Celebro que las condiciones actuales permitan una proliferación de artistas cuyas obras, en otros tiempos, no hubieran superado el confinamiento forzoso y la espera de un golpe de suerte. Solamente expongo una situación llamativa a la espera de discusiones productivas al respecto. 

Sergio Quintana es Profesor y Licenciado en Letras, y Magíster en Semiótica Discursiva. Se desempeña como docente e investigador en la UNaM.

S/T – Hugo Braga

Fotomontaje digital.

Leandro N. Alem, Misiones.

Septiembre 2021.

Hugo Braga es Artista plástico, músico,licenciado en Artes Plásticas por la Facultad de Arte y Diseño de Oberá. Nación en Leandro N. Alem Realizó y participó en diversas producciones musicales, literarias y teatrales de manera individual y colectiva. Participó, además, en varias muestras individuales y colectivas, entre ellas: “Extras” (Taller de Arte El Cubo, Leandro N. Alem, 2013); “Antes del Tiempo” (Trillo espacio de arte, Oberá, 2011); “Asociación Ilícita” (Centro Cultural Vicente Cidade, Posadas, 2007); “El Tercer Pie” (Centro Cultural Argentino, Fiesta Nacional del Inmigrante, Oberá, 1998); “Poética Móvil” (Chubut, Argentina, 2010); “Diagnóstico Reservado” (Facultad de Artes y Diseño, Misiones, Argentina, 2010); “Tratamientos” (La Cueva, Rosario, Argentina, 2009); “Argentina Pinta Bien 2007” (Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina, 2008).También se destaca por su versatilidad en otras disciplinas, como música, poesía y dramaturgia. Actualmente integra la banda “No Cantes, Victoria”.

http://www.saicuma.org/users/lic-hugo-braga