Reseñas en "TAPA"

Nº 4 (De la serie “Poemas de la neodictadura fascista”)

Estamos desganados,
ganados,
ovejas,
la sangre del matadero corre a nuestros pies
y olemos flores,
ramos marchitos y podridos
sobre la tumba de la humanidad,
los cuerpos caen silenciosamente
mientras todos miran,
se miran,
en pantallas vacías,
en mentiras armadas para dormir,
para dormir,
para dormir,
anestesiados de espanto,
atados a sus cruces,
a sus suelditos,
a sus matrimonios (in) felices,
a sus fiestas de cartón,
a sus obediencias indebidas,
mientras la bomba invisible de la pobreza
hambrea,
enferma,
mata.

Cuantos Hiroshimas a ignorar,
cuanto genocidio a barrer,
bajo la alfombra del miedo.

Silvia Hedman es docente de Música y expresión corporal. Trabaja en la FAyD-UNaM y en el ISPAO, de Oberá.

Incomprensiones / urgencias…Y yo sin whatsapp…

Decido no usar whatsapp. “¡¡¡¿Por qué ?!!!!”: me preguntan con insistencia familiares, amigos, conocidos, compañeres de luchas. Contesto: deseo gestionar mi propio tiempo por fuera de los mandatos del mercado de la información. ¿Vana ilusión? Tal vez, pero lo intento en pos de un cronotopo sin instantaneidad al palo, más lento, sereno, reflexivo. Sé los costos: corro el riesgo de quedar fuera de la red de grupos sociales que habilita, de lo que allí se dice y sus efectos de sentido. Pero sé también que no es la única red social que la web habilita y que hay otras alternativas para comunicarse.

No uso ese servicio de mensajería instantánea. Y entonces: ¿quedo efectivamente fuera de los grupos a los que pertenezco que sí lo usan y con quienes comparto la vida off line? Ni tanto. Las posibilidades de encuentro no escasean y me sigue gustando charlar en co-presencia, escuchar y ser escuchado mientras degusto manjares; caminar por la calle, leer paredes, seguir huellas de otros, leer libros, ir a recitales, a marchas, participar de asambleas, reuniones, fiestas, dar clases, mirar tele, conectarme a facebook, mandar mail y más. Posibilidades comunicativas no me faltan. Y lo mejor es que no estoy sola en eso.

Antes se decía: “lo que no está en la tele no existe”. Ahora: “lo que no está en las redes no existe”. Sin ánimo de desmentirlo, no dejo de pensar que aún en medio de la centralidad contemporánea de la mediación tecnológica, seguimos siendo cuerpo, seguimos siendo territoriales. Y que es allí –en cuerpos y territorios- donde la violencia expresiva del poder fáctico del presente -capitalista, patriarcal, colonial- se escribe. Allí, la elocuencia de ese poder de alta letalidad queda enunciada con femicidios, juvenicidios, ecocidios. Percibo asimismo que es con cuerpos aliados en la casa, en la calle, en la oficina, en la fábrica como también se resiste y combate a ese poder. Por supuesto que las nuevas luchas no dejan espacio ni tecnologías por conquistar. Valga como ejemplo la ola verde de las feministas que señalan sendas a seguir: luchar en la calle, los medios y la web.

No uso whatsapp y muchos de mis allegados no lo entienden. Pocos me escriben mensajes de textos y esperan impacientes mis respuestas inmediatas, casi simultáneas. Se indignan si no respondo al toque. Los malentendidos se suceden uno tras otro. “¿Por qué no les contesto y ya?” “¿Tengo algo en su contra?” “¿Estoy enojada?” La lógica de esa interlocución dictamina: contestación compulsiva inmediata. El “ahorita mismo” como imperativo categórico. La no instantaneidad de la respuesta desata broncas, indignaciones, furia comunicativa. Las incomprensiones se suceden al ritmo de sobreactuadas urgencias.

Pero igual, desde un uso restringido de las redes digitales y mi relativa desconexión busco asomarme a las complejidades de las redes tecnológicas tratando de comprender sus efectos de sentido en la política, en la sociedad y cultura, en la vida nuestra de todos los días. Pero es mucho lo que se me escapa y no sólo porque hace a lo “surgiente” que también me envuelve y atraviesa dificultándome la distancia y vigilancia analítica indispensable para dar cuenta de lo que (nos) pasa; sino también porque más allá de la declamada transparencia de la “sociedad de la información” advierto con otros que hay mucha opacidad en las redes. Después de todo, la comunicación mediada tecnológicamente tampoco escapa al carácter profundamente estratégico de los procesos sociales de producción de sentido, permanente negociado y en disputa; no queda al margen de lo que el semiólogo italiano Paolo Fabri llama “comunicación en negro”; o sea de los puntos oscuros constitutivos de toda comunicación, de su insoslayable contracara hecha de camuflajes, secretos, mentiras, (de)velamientos, intercepciones, espionajes, agentes dobles… presentes siempre en situaciones de conflicto pero también de negociación.

Claro que también me obstaculiza la comprensión de cómo operan socio-culturalmente las redes digitales el exceso discursivo que hoy como nunca antes vehiculizan medios y redes. Según datos accesibles en la web, en el mundo hay unos 10 zetabytes de información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que si se ponen en libros se pueden hacer 9.000 pilas que lleguen hasta el sol. Desde 2014 hasta hoy creamos tanta información como desde la prehistoria al 2014. Y la única manera de interpretarlos es con máquinas.

Tantos datos que salen de fuentes plurales, heterogéneas: personales, de transacciones bancarias, del marketing electrónico, de la internet de las cosas, de otras máquinas, de la biométrica… apabullan, confunden, desorientan; hasta tal punto que dificultan ver que lo que está en juego otra vez no es una mera cuestión de cantidad, sino de modalidades estratégicas de recolección, manipulación y uso de la información así como del secreto, la mentira, la vigilancia… ¿Qué fuerzas lo hacen, para qué, por qué?

Frente a todo ello urge indagar acerca de aquello que hoy nos une y separa: ¿los miedos que nos llevan a vigilarnos entre nosotros mientras dejamos de controlar y monitorear la gestión pública de nuestros gobernantes, mientras avanza sin freno la voracidad de los adueñadores de todo?; ¿la indignación efímera y la bronca fugaz frente a atropellos constantes, contra tragedias siempre prevenibles, evitables?, ¿la diversión estereotipada que al llevarnos de excitación en excitación nos ata a la codicia sin fin del capital? ¿Qué nos une, que nos moviliza? ¿No el amor, sino el espanto? Y ¿En qué medida las sensibilidades públicas frente a las injusticias propias y ajenas no emergen también como dolor de superficie, fachada sensible, look sentimental?

Es que medios y redes potencian conexiones al por mayor pero también la “pedagogía de la crueldad”, singular entrenamiento que según Rita Segato conduce a una existencia sin sensibilidad con relación al sufrimiento ajeno, sin empatía, sin compasión, mediante el gozo encapsulado del consumidor, en medio del individualismo productivista y competitivo de sociedades definitivamente ya no vinculares.

Y entonces pregunto: ¿cambia algo de todo eso que yo siga sin whatsapp?

Elena Maidana es Lic. en Letras y Magter en Antropología Social. Docente e investigadora en Comunicación Social. FHyCS.UNaM; en cuestiones vinculadas con: socialidades y culturas juveniles, dimensión semiótico-discursiva de procesos urbanos, comunicación y política, prácticas comunicativas de movimientos y luchas sociales.

Imagen: London Data Streams – experiencia de visualización de datos de redes sociales en tiempo real exhibida en Somerset House. 2016.

De cuando el poder patriarcal se apropió de las consignas feministas

En tiempos de deconstrucción, visibilidad y espacio público para los movimientos feministas, un contexto de campaña local, provinciano y periférico fue el escenario donde la cuestión de quién puede ejercer poder volvió a actualizarse en clave de género. En este sentido, nos referimos puntualmente al estreno de la ley conocida como de paridad de género. Al tiempo que desde el oficialismo de Misiones también sus varones y conductores aplaudieron esta medida para cargos electivos, desde ese mismo lugar se actualizaron miradas hegemónicas y conservadoras respecto del protagonismo de la mujer en lugares de poder en la provincia. El status quo fue restablecido.
En Misiones “las candidatas” pueden aspirar a construir y acumular poder. La ley de paridad las asiste. No obstante, ¿dónde entraría en el esquema actual del partido gobernante la mirada de las mujeres e identidades disidentes más allá de la clase media urbana posadeña, atada a cierto estereotipo sobre cómo participar de la política? ¿Se puede superar en estos espacios la matriz que nos dejó Evita: esposa, leal, obediente, relegada en el ejercicio del poder? ¿Es solo bijouterie, retórica oportunista o efectivamente, los varones de los partidos tradicionales están dispuestos a compartir y construir poder con sus compañeres sin tutelarles o minorizarles? ¿Hay acceso a recursos, territorios, espacios de decisión con mirada crítica y autónoma en la real politik, para los que no sean leales y obedientes?
Además desde el poder efectivo ¿cómo piensan la equidad las mismas funcionarias, legisladoras, militantes, cuando las mujeres cuidadoras del ministerio de Desarrollo Social son las peores remuneradas de la provincia? ¿Sólo hay espacio para seguir dando respuestas con dispositivos que policializan la violencia de género? ¿Se puede pensar en atender la problemática fortaleciendo los organismos de prevención con contención eficiente? A les profesionales encargades les resulta casi imposible lograr condiciones de trabajo y atención dignas.
Hacer política y ser mujer en ciertas estructuras, nomás actualizan la idea que las mujeres, por ser mujeres, traen consigo el tutelaje de un varón: ¿Un padre, compañero, primo, padrino? Asimismo, trae atada la idea que si vas con el partido oficialista y dominante no es posible ejercer el poder más que desde la construcción de fidelidades y la obediencia. Horizontal y vertical. La cultura política  local y su caudillismo alinea y disciplina por doquier.
Recordemos como ejemplo que en marzo pasado tomó estado público la nota del Superior Tribunal de Justicia integrado por mujeres y varones donde se quejan al Poder Ejecutivo de la titular del Ministerio de Derechos Humanos por su intervención en procesos de desalojos de sectores populares. Un modo particular de actualizar a las mujeres funcionarias que la relativa autonomía y los criterios propios no son habituales en esta gestión. También de recordarles que el techo de cristal existe. Y que en Misiones tiene historia. ¿Pudo acaso ocupar un lugar ejecutivo Mercedes Oviedo, aún con bases propias y acceso a recursos en el PJ? ¿Y Mabel Marelli o Gloria Llamosas dentro de la UCR?
Una vez más queda planteado que solo con ley de paridad de género no alcanza y que con la sola presencia de mujeres en todos los espacios no se avanza en políticas públicas que efectivamente atiendan y transformen su situación estructural de subordinación y precarización en materia salarial y simbólica, en zonas urbanas y rurales.
La historia nos recuerda que nada nos será regalado y que ahí están las calles que también son nuestras y que las habitamos como recordatorio de que hay otras formas de ejercer la política, el poder y la representatividad. Allí estamos y el 3 de junio un día después de las elecciones, con #Ni una menos, las mujeres marchamos nuevamente. Allí, fue notoria la ausencia de mujeres funcionarias y candidatas del partido gobernante. A veces la resaca electoral también nos sirve para mirar el horizonte y volver a apostar porque “otra política y ejercicio del poder” son posibles.

 

Marina Casales es Periodista. Lic. en Comunicación Social. Docente-Investigadora, UNaM

 

¿Quién educa a quién?

En un video filmado desde un celular que fue publicado en las redes, una persona pregunta a dos niñitas Mbyã que conozco personalmente y de quienes reservo su identidad por ser menores, si les gustó la experiencia de participar en un mural donde la temática fue la naturaleza y los animales de la selva, coordinado por un artista ambientalista que recorre algunas comunidades y realiza talleres con los niños de pueblos originarios y de escuelas rurales con la finalidad de concientizar sobre el cuidado de nuestra naturaleza. Las niñas estaban contentas, muy felices de participar, las conozco y celebro que hayan tenido la oportunidad de dejar su huella identitaria en esos muros, pero la pregunta final que se le hizo: – ¿Van a cuidar más a la selva y a los animales?, me encendió un sin número de interrogantes.
Espero que esta interpelación haya sido un desliz inocente, una frase inoportuna pronunciada con tanta rapidez que no le haya dado tiempo para reflexionar sobre varias cosas:
* ¿Estuvo bien hacer ESA pregunta en ESE preciso lugar? (Escuela creada en Puerto Bosetti por la firma chilena Arauco -dueña de más de 255 mil hectáreas de suelo misionero que degradan con monocultivo/pino para fabricar pasta celulosa)
* ¿ Estuvo bien dirigida la pregunta a dos niñas Mbyã que pertenecen a una comunidad que ha recibido hostigamiento por la misma firma Arauco para que desalojen esa tierra junto a otros 30 niños, padres y ancianos, tierra que por otro lado les pertenece histórica, moral y constitucionalmente?
* ¿Será que seguimos percibiendo el mundo adultocéntrico como incuestionable, inapelable, ineducable (y me permito con vergüenza la creación de este término) en
ecología, conciencia ambiental, humana, etc.?
* ¿Será que creemos que la infancia sigue perteneciendo a un futuro que jamás llega y no al presente que le dejamos como legado, con cientos de imperfecciones, necesidades, injusticias, enfermedades, y miles de etc., más?
* ¿Sinceramente esperamos que los niños arreglen las cagadas que hacemos los adultos y de las que nunca nos hacemos cargo?
* ¿Qué contenidos educativos estamos transmitiendo?
* Un artista ambiental ¿puede trabajar a través del arte en un contexto territorial y cultural que le es ajeno? O debería preguntarse ¿de qué manera genero conciencia
ambiental en mi ciudad, capital de nuestro país desde donde se mira al resto de las
provincias como el interior (¿!) de personas incultas, y es acaso Bs As lo que nos cubre externamente, nos forma y educa?
* Los materiales utilizados para generar conciencia ambiental, ¿también son
ecológicos? ¿La pintura es sintética o aprovecho mi trabajo de campo con pueblos
originarios para aprender a usar los tintes naturales que utilizan ancestralmente las
comunidades? ¿El papel que usa en su taller, tiene un costo de cuántos árboles sacrificados? La mayoría plantados en nuestra provincia, quitando a nuestro suelo misionero su mayor riqueza, la biodiversidad de nuestra selva.
* ¿Damos participación a las comunidades sobre los contenidos educativos o realizamos consultas previas, generamos espacios de diálogos, modificamos nuestra mirada occidental sobre la educación y su influencia neocolonizadora?

Sigue la lista de preguntas, cuestionamientos y autocríticas, surgen incontables ocasiones vivenciadas directa o indirectamente, donde quienes se acercan a las comunidades lo hacen cometiendo el mismo error:
-Voy a enseñar.
Así me sucedió, hasta que fui consciente del infinito universo que estaba descubriendo, del cual sigo y seguiré aprendiendo todos los días.
Sigo recordando una frase leída frente a una escuela bilingüe de una comunidad Mbyã que expresaba:
-En memoria de nuestros sabios analfabetos del monte.

Carol Marin es tallerista en comunidades Mbyã, muralista, ilustradora, estudiante de la carrera de Licenciatura en Artes Plásticas de la FAyD, UNaM.