En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#21, MISCELÁNEAS / Ago, 2016

TELEVISIÓN LEEEEEEEEENTA

Un interesante y llamativo fenómeno está ocurriendo en Noruega donde triunfa la televisión lenta. Llamada “Slow TV” no cesa de congregar la atención de miles de espectadores que dedican su tiempo a mirar extensas sesiones de registro audiovisual donde todo transcurre con total normalidad. Son bloques extensos de varias horas de duración donde aparentemente no pasa nada. Allí se puede ver a una persona tejiendo un abrigo, puede verse el recorrido de un tren entre un destino y otro, horas de pesca del salmón sin más intervención que la nada misma en términos televisivos. Todo parece indicar que tantas décadas de intenso bombardeo desde la pantalla con luchas feroces por el “rating” han decantado en esto, en el hartazgo del espectador por seguir consumiendo esas cruentas batallas donde no gana el que más sabe sino el que muestra los extremos de manera más directa y desde donde los productores no dudarán un instante en hacernos ver hechos resonantes, con escenas violentas de todo tipo, por supuesto con la cuota de morbo presente, donde no faltará el componente sexual y las referencias escatológicas. Presenciamos una TV totalmente errática y veloz que ya casi no pre-produce y que pone a un coro de panelistas a discutir retazos audiovisuales que toman de los noticieros, de las redes sociales y de otros programas, todo, para reproducir un contenido de dudosa calidad para terminar construyendo un espectador alienado quien, entre otras cosas, tiene para incorporar a su día cosas importantes como descubrir al fin quién es el amante de la nieta de fulana, en qué hotel pasaron la noche la cantante y el político, cuántos goles erró mengano y cuál es la fortuna de los herederos de Empresa Pirulo.

Para tratar de entender el fenómeno, deberíamos remitirnos a los inicios de la fotografía y su derivación en el formato-cine para desembocar en la caja-tv para ir reconstruyendo tramo a tramo bastante de gloria pero con mucho de fracaso. ¿Con la Slow TV, podríamos decir que hemos regresado al origen? Tal vez. Antes de la aparición de la fotografía lo que teníamos a nuestro alrededor debía ser registrado en nuestro sistema neuronal y luego sería recordado por años para mantener viva aquella escena y si eso no alcanzaba supimos como humanidad recurrir a garabatos, pinturas rupestres ¿se acuerdan? grabados y más pinturas que nos permitieron registrar batallas, retratos, escenas de la vida cotidiana y claro está, en esa vivencia analógica del presente todo era muy lento.

Tuvieron que pasar todos estos años, desde 1826 (inicio de la fotografía) a la fecha para que recorramos un camino de total vértigo visual donde ningún contenido fue suficiente, donde fue necesario más y más del látigo visual que golpee nuestros sentidos para que permanezcamos frente a la pantalla minuto a minuto. Esa arritmia de pulsos, estallidos de colores y sonidos machacando nuestros sentidos termina dejándonos de pronto, humanizados y simples frente a la televisión lenta de los noruegos, que nos detiene finalmente ante nosotros mismos, ante nuestras historias mayores y menores, ante humildes relatos de la vida diaria, mostrando nuestras experiencias mundanas, nuestras rutinas, para constituir el escenario real desde donde aprender otra vez y reconocernos. Tal vez a través de esa televisión lenta podamos volver a encontrarnos observando nuestro alrededor, dedicándonos a registrar todo de otra manera. Tiempo quizá de mirar nuestro paisaje, ver cómo se hace la yerba al modo barbacuá, cómo se carpe un rozado, cómo se melan las colmenas, cómo se pesca con una latita y tanza el bagre amarillo desde la costa, cómo se cosecha el té, cómo se hace un reviro, cómo se recorren 5 kilómetros a pie para llegar a la escuela, cómo se prepara un buen mate, es decir, elaborar las condiciones para que volvamos a mirar con lentitud, sabiendo que ese universo “leeeeeento” que pasa ante nosotros no es otra cosa que nuestra propia vida moviéndose a la velocidad de la vida misma.

Jan Kislo es Artista Visual. Profesor y Licenciado en Artes Plásticas. Docente UNaM.

Link relacionado: http://jankislo.com/portfolio/

#21, RECOMENDADOS / Ago, 2016

Viadas

“Los dioses compartimos un terrible secreto: los hombres son libres y no lo saben”. Jean Paul Sartre

 

Anarquismo trashumante. Crónica de crotos y linyeras (2008) fue un libro primeramente conocido con el título En Pampa y la vía. Crotos, linyeras y otros trashumantes, publicado en 1998 por Osvaldo Baigorria (1948-). En esta nueva versión, el escritor, periodista y docente argentino, amplía sus líneas sumando un capítulo fundamental a la historia previamente celebrada. Los orígenes del croto, así como nos describe su investigación, datan en la Argentina de la primera mitad del siglo pasado, asociada al trazado ferroviario. Dos apéndices al final, nos ofrecen un glosario de términos linyeras que suman al relato, las particularidades de esta subcultura nacida en las vías y un apartado con sus coloridos refranes, como: ¿De qué sirve tener rancho si el alero no da sombra? Que nos indica que no siempre poseer bienes materiales da felicidad.

Si bien, en la historia humana, siempre hubo trotamundos -desde los ascetas peregrinos o samanas descritos por Hesse en Siddhartha; pasando por los truhanes medievales; hasta llegar a finales del siglo XIX con el wandervogel (pájaro errante) alemán-, lo cierto es que el croto, como tal, fue un nombre aceptado en nuestro país desde 1920 por una disposición de José Camilo Crotto, gobernador de la provincia de Buenos Aires, en la que se autorizaba a los trabajadores golondrinas a viajar gratis en los trenes de carga. De allí, que su origen etimológico sea considerado de carácter de político. La diferencia fundamental entre un croto y un sin techo, está dada en la voluntad de la renuncia del primero. La búsqueda del lugar de no-pertenencia y la huella que conduce hacia sí misma: la viada (la vida en las vías).

Además de presentar casos y figuras famosas -entre ellos su propio padre, el Pibe Materia– dentro de esta subcultura formada en el andar y fuera del sistema socialmente impuesto al hombre, lo interesante de la recopilación de relatos narrados por Baigorria está puesto en la libertad del espíritu humano. Hay un acercamiento de tipo filosófico a la idea de libre pensamiento, que no involucra mover el cuerpo: uno bien puede ser anarquista desde donde esté situado. Luchar contra los moldes prefabricados en los que -cada vez más- la sociedad presiona para que encajemos, será tarea para aquellos que aún posean la fuerza para resistir(se).

Anarquismo trashumante finalmente nos enseña que “El andariego no quiere otra cosa que andar. La huella es un fin en sí.” Y es allí donde reside su esencia, donde el camino se convierte en destino. Y ese destino para el croto es el camino mismo.

 

Valeria Darnet es artista grabadora. Crítica. Licenciada en Artes Plásticas. Docente UNaM.

 

Título: Anarquismo Trashumante. Crónica de crotos y linyeras.
Autor: Osvaldo Baigorria
Colección: Utopía Libertaria
Editora: Terramar Ediciones
Ciudad: La Plata
Páginas: 160
Link editorial: http://www.cuspide.com/9789876170482/Anarquismo+Trashumante

#20, TAPA / Jul, 2016

Dualidades en Mascus Cerae, fragmentos reflexivos

Si empiezo por el final, la máscara ya no existe, ni siquiera sus partes. “Existe” sólo en fotos y videos, pero éstos a su vez también son fragmentos del momento en el que fue hecha. En ese momento el performer delante de un fondo negro dejaba gotear velas sobre su rostro. Las gotas se secaban y se superponían formando la cáscara. En esta pequeña reflexión sobre “Mascus Cerae” (Foto y video performance de Santiago Krause, 2014 Oberá-Misiones) propongo vincular las propuestas de Rosalind Krauss y de Claude Lévi-Strauss.

Siempre intuí que al registrar una performance el autor se mira a sí mismo en una forma particular. Por un lado, descubrí una idea similar en un texto de Krauss. Analizando producciones videográficas que implican al cuerpo, ella afirma que “el medio del video es el narcisismo” (1978: 45). La autora ve la cámara como un espejo donde el performer se refleja. El doble en la pantalla que reproduce el video no es real, es un desplazamiento del “yo” que trasforma la subjetividad del performer en otro, en un reflejo. Entonces al hacer una video-performance cada performer estaría viendo a su “yo performativo”.

Por otro lado, el desdoblamiento de la representación (split representation) según Lévi-Strauss (1995) es un procedimiento presente en producciones artísticas de culturas originarias de distintos lugares y temporalidades. Consiste en representar el cuerpo humano o animal a partir de un eje que divide la figura en dos mitades iguales. Un ejemplo son las máscaras de los Kwakiutl, las cuales poseen partes móviles que se abren en dos mitades y dejan ver una segunda máscara. Como objeto ritual la máscara cumple la función de ofrecer una serie de formas intermediarias; el que la usa se posiciona en el lugar de un antepasado animal o dios: “Es el actor mismo el que se desdobla en la Split representantion, y ésta tiene por fin exhibir la máscara a expensas del portador” (Lévi-Strauss: 287). De esta forma, el rostro en el ritual se desdobla por medio de la máscara, y el performer se refleja por medio del proceso técnico del video. Veo este reflejo como una de las mitades de la máscara, que se parte para mirarse a sí misma y a lo que encarna. Ambas situaciones son una visión dual de un sujeto.

Pienso esta naturaleza dual en “Mascus Cerae” de Krause: la máscara es primero un molde que copia el relieve del rostro, pero al finalizar la acción es destruida. Es un objeto en sí, pero a la vez no existe separado del rostro, funciona como una extensión sobre y del mismo, como una segunda piel. Pero esta piel de cera se acomoda en caliente, se endurece, se deforma y al separarse se destruye. Si pensamos la máscara como un molde escultórico adherido al rostro, no copia exactamente su forma, si no que crea una nueva a partir de él. Cuando inicia la performance el rostro funciona como original, pero al final por acción del molde se ve transformado en una copia infiel. La máscara de cera, a diferencia de las máscaras Kwakiutl, se divide en miles de partes dejando ver el rostro transformado por ella. El “yo performativo” de Krause aparece a medida que aparece la máscara, y cuando ésta se divide, el performer se divide con ella y queda en el registro. Así el performer antes de la máscara se refleja mediante el video en el performer después de ella. Al igual que este texto, las fotos y el video de esta performance son partes del hecho artístico que dejan ver, parcialmente, al “yo” fragmentado en la performance.  

Santiago Krause es Artista visual y performer. Licenciado en Artes Plásticas FAyD, UNaM.

Link relacionado: http://www.saicuma.org/users/santiago-nahuel-krause

#20, CINÉFILOS / Jul, 2016

Oda caleidoscópica

Plagado de anacronías visuales el quinto film del director estadounidense Terrence Malick, El Árbol de la Vida (2011) ha sido, en el año de su estreno, merecedor de la Palma de Oro en el Festival de Cannes y del Gran Premio de la FIPRESCI.

Una producción muy escasa en diálogos, donde las imágenes son quienes relatan la historia con planteos existenciales, la composición musical de Alexandre Desplat especialmente creado para el film y la huella fotográfica de Emmanuel Lubezki que complementan la reminiscencia de obras abstractas lumínicas, como el Opus 161 de Thomas Wilfred, intercalándose con escenas surreales y con recuerdos de su protagonista Jack O´Brien; interpretado en su adultez por Sean Penn, y en su infancia/ pre-adolescencia por Hunter McCracken.

A medida que Jack recuerda las enseñanzas de su autoritario padre (Brad Pitt) y las bondadosas actitudes de su madre (Jessica Chastain), a lo largo de los 139 minutos que dura el film, la dilatación es un recurso fundamental para acompañar las dudas e interrogantes que se hace el personaje sobre cuán influyente ha sido el trato de sus padres en su crecimiento, que lo hacen replantearse su existencia y el sentido de la vida misma.

Hay una fuerte impronta religiosa y filosófica que propone un acercamiento al concepto del árbol cósmico con su título; o bien, desde un punto de vista evolutivo, podría ser entendido como alusión al árbol filogenético. Deliberadamente el film comienza con una cita del libro de Job, seguida de metáforas que abordan desde el origen del Universo, pasando por la Era Mesozoica, hasta la actualidad de Jack. Todo ello, guiado por una narrativa completamente discontinua.

El Árbol de la Vida no es una obra condescendiente. El sólo hecho de mirarla nos obliga a realizar un análisis riguroso a nivel simbólico, ya que justamente son las abundantes alegorías acompañadas de la música de cámara clásica y las notas minimalistas de Desplat los elementos que conforman esta oda, este poema audiovisual que Malick ha guardado por 30 años en su interior y ha tenido la grandeza de compartirlo.

Valeria Darnet es Lic. En Artes Plásticas. Artista grabadora. Crítica. Docente FAyD, UNaM.

Ficha técnica.

Título original: The Tree of Life
Año: 2011
País de origen: Estados Unidos
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Reparto: Brad Pitt, Jessica Chastain, Hunter McCracken, Sean Penn, Laramie Eppler, Tye Sheridan, Fiona Shaw, Crystal Mantecon, Pell James, Joanna Going, Irene Bedard, Kari Matchett, Will Wallace, Michael Showers, Kimberly Whalen
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Duración: 139 min.