En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#25, MISCELÁNEAS / Jun, 2017

Época (Fragmento)

–no se hizo nada esta semana- decía papá.

Dentro de su rancho, buena tenía contra una de las paredes un montículo de botellas vacías apiladas de “caña pica palos” y de “caña pajarito”.

Un domingo, había caído buena en el patio de casa por media mañana, habló con mi viejo y luego volvió al rancho que le quedaba entre unos cien metros desde nuestra casa. Yo me acerqué a papá y le pregunte:      

-¿Qué quería?-

Pues sonaba extraño que apareciese un domingo por casa. Mi viejo, con rostro gracioso, dijo:

– y…, chupó mucho anoche y se olvidó que hoy era domingo, quería trabajar-.

También por costumbre, en casa los fines de semana no se trabajaba en los trabajos que si se hacían de lunes a viernes en la chacra, se estaba más para actividades caseras lo que implicaba también al peón, eso de quedarse en su rancho.

-¿y vo que le dijiste?- le pregunte yo a papá.

–y, le mande otra vez a dormir, que hoy era domingo- respondió riendo.

Mi viejo puso restricciones, no le dio un austral más y se encargó él mismo de comprarle un kilo de harina, un kilo de yerba, medio kilo de sal fina, carne o puchero, un kilo de fideos, un kilo de arroz, un kilo de azúcar, un kilo de grasa, un litro de aceite de girasol entre tal vez otras cosas. Y así, cada vez que papá iba a la ciudad para hacer la compra familiar nuestra, o para la semana o para el mes, le preguntaba a buena:

-¿Qué te hace falta?-

Y aquel, que más parecía a un oso despertándose que asomaba su hocico desde su madriguera hacia afuera, con una esperanza en su rostro a como que si mi viejo le iba a comprar toda la ciudad, y en un lenguaje ablandado le respondía:

-arró, fideo…-

A veces interrumpía mi viejo: -¿yerba, tenés?-

-ese sí, ese tengo-.

-¿grasa?-

-ese tengo un poco toavía-

-taáco me hace falta-

De saber que el tabaco era lo que más consumía y le duraba poco tiempo. También encendedor o fósforos le compraba mi viejo cuando buena se lo pedía. En realidad mi viejo también fumaba, de modo que se combinaban, compraba tanto el tabaco para él como para buena. Compraba un tabaco picado que venía en un paquete, marca “cuatro leguas” escrito en letras Bauhaus blancas sobre fondo morado y en letras amarillas especificado “tabaco rubio – corte fino para armar – peso neto  50 g.- Industria Argentina – Avda Roque Pérez 391 – Posadas (Misiones)-; o también el paquete marca “Richmond” , de “corte fino” detallado en “tabaco especial seleccionado”, escrito sobre un óvalo azul también de 50 gramos con la advertencia  “variable por factores ambientales”; de bandas oblicuas blancas y rojas, ambos paquetes particularizaban una imagen con tres hojas de tabaco. También aparecían otros paquetes de un morado oscuro y otro verde oscuro. A mí me encantaba el aroma de esos tabacos picados en paquete, sumamente agradable en su estado crudo, es decir, sin haber sido usado. En un tiempo entré a coleccionar los paquetes de color morado y verde oscuros pues me gustaban mucho. Para armar sus cigarrillos también debían proveerse de papelillos para envolver el tabaco que luego era pegado humedeciendo un lado del papelillo con saliva desde la lengua para luego encenderlos y fumarlos. Papá compraba papelillos marca “el ombú”, escrito en caracteres grandes y mayúsculas tipo Bauhaus de color verde medio, sobre una banda horizontal en blanco acompañado por la imagen de un árbol de ombú en verde y negro, ocupando gran espacio del paquetito que se podía esconder en una sola mano. El pequeño paquete hacía ver una inscripción que decía “papel engomado”, a veces con la sugerencia de $ 0.50. A falta de papelillos, usaban chalas recortadas a tamaño de los papelillos, y a falta de chala, usaban hojas secas de bananas recortadas.

Marcelo Javier Wójtowicz es estudiante avanzado de Prof. y Lic. en Artes Plásticas. FAyD, UNaM.

Link relacionado: https://www.facebook.com/marchelo.wojtyla

#25, RECOMENDADOS / Jun, 2017

Introducción a la metafísica. Henri Bergson

La literatura filosófica desde Platón siempre merodeó por las sinuosas vertientes del imaginario simbólico (estético) para, de alguna manera, transmitir sus afinidades científicas. Schopenhauer, para Thomas Mann, significó la apertura de una prosa atractiva, interesante para los estudios estéticos, que luego más adelante Nietzsche tomó como escuela y como ruptura. En este ensayo, Bergson plantea la cuestión como método en construcción: la cuestión es la metafísica como ciencia; el método es su explicación fenomenológica.

Apabullante. Pero tengamos en cuenta la influencia de Dilthey en lo que se refiere al “vitalismo”, porque para Bergon, así como para Deleuze, el vivir o existir requiere una duración determinada por unidades y multiplicidades, es el “repliegue” ontológico del individuo concreto, real, a través de su “memoria”. Algo de psicología cognitiva, contraposiciones al positivismo, precuela de un prometedor existencialismo, la filosofía de Bersgon encarna y encara un nivel de comprensión y de explicación propios de un autor clásico, como Descartes en su Método o Wittgenstein en su Tratactus Lógico-filosófico.

La prosa bergsoniana hace eco hasta en autores como Macedonio Fernández, e incluso en Ferrater Mora se lo percibe de alguna manera, es que la discursividad con la que toma forma el contenido a comunicar refleja el grado de complejidad de la discusión, sin soslayar la claridad y la coherencia argumental. Sin embargo, nunca se está ajeno a los usos retóricos del lenguaje, porque el estatuto de ciencia se refiere a lo objetivo y verdadero, y la retórica es sólo una herramienta o recurso estilístico para comunicar. También para Bergson interpretar y analizar son herramientas metodológicas de investigación. Pero la cuestión se divide entre ciencia o metafísica, aunque la discusión sea más bien filosófica.

Bergson es un analista del tiempo tratando de escapar de sus contemporáneos kantianos. Este opúsculo escrito en 1905 pretende introducirnos en esos, como dice Rudolf Steiner, enigmas de la filosofía, que desde Heráclito hasta Bauman transfieren los arquetipos del sentido, en este caso: el “fluir”. Bergson le agrega el factor “duración”, ya presente en el concepto de fluir, pero poco clarificado. La intuición del instante es el enlace entre el objeto y el sujeto.

Cesar Darío Vasconcello es Prof. y Lic. en Artes Plásticas por la FAyD, UNaM. Artista visual y docente.

 

Datos de la Obra
Título: Introducción a la metafísica
Autor: Henri Bergson
Año: 1903.
Buenos Aires: Ed. Siglo XX, 1973.

Link editorial: https://latam.casadellibro.com/libro-introduccion-a-la-metafisica/9789505160075/354386

#24, TAPA / May, 2017

El nuevo modelo/dispositivo-bienal

Partiendo de la premisa que una Bienal de Arte es un dispositivo de contemporaneidad que se repite cada dos años, para difundir el arte actual y promocionar turísticamente a la ciudad o región donde se realiza la misma, el vigente desarrollo continuo que plantea la “I Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur” es un caso particular merecedor de un breve análisis.

La BIENALSUR, como se la conoce ya en todos los medios, contempla en primera instancia que el evento no se preparará durante dos años para que suceda, sino que sucederá en ese lapso bianual que plantea. Para ello, durante su desarrollo convoca a artistas, diseñadores, curadores, a través de concursos internacionales; lo que le permitirá regir durante ese lapso de organización sobre la marcha e in situ, tanto desde América como desde Europa. De la misma participan personalidades institucionales de 12 países, entre ellos: Argentina, Perú, Chile, Colombia, Brasil, Paraguay, Alemania, España, Estados Unidos, Inglaterra.

Reinaldo Laddaga, en Estética de la emergencia (2006), al hablar sobre el régimen de las artes -tomado y ampliado de Rancière-, nos explica que “un régimen es un vínculo entre modos de producción, formas de visibilidad y modos de conceptualización que se articula con las formas de actividad, organización y saber que tienen lugar en un universo histórico determinado…” (23), y aclara que ese régimen es similar al concepto de paradigma de Thomas Kuhn: “un marco general que es el trasfondo sobre el cual cobran perfil y significación las operaciones particulares” (ídem). Dentro de estas definiciones, las bienales tradicionales se encuadran como perfectos dispositivos que se repiten y re-producen.

Desde esta perspectiva, debemos asumir que hoy hay un quiebre paradigmático, ya que la BIENALSUR, en sus propias palabras, reivindica la idea de proceso que está presente en todo el arte contemporáneo. No aguarda a una próxima edición para mostrar qué se estuvo haciendo o bajo qué ejes temáticos se plantea la producción artística actual; sino que pretende irse generando y difundiendo durante su desarrollo.

Desde septiembre de 2015 se impulsan jornadas de diálogos en las que participan todos los agentes implicados, incluyendo el público, de manera que la experiencia se va consolidando y tomando forma en su desarrollo. La manera en que se plasman estas actividades, es fuertemente mediática: conferencias vía streaming, presentaciones de performance online para aquellos que no pueden presenciarla, diálogos con artistas, presentación de proyectos artísticos y Works in progress, difusión de cada actividad vía todas las redes sociales, en su web oficial, enlaces externos de otras plataformas; asegurándose que la información llegue a todos, por todos los medios posibles y disponible en cualquier momento con un solo ordenador desde nuestras casas.

Este proyecto cibercultural democrático nos permite acercarnos al evento Bienal, teniendo de antemano mucha información, que no rescataremos finalmente de la mega muestra ni de su texto curatorial, sino del proceso completo previo a su exhibición posterior.

Desde la primera Bienal de São Paulo en 1951, dependíamos del traslado físico y de los alcances de prensa y escritos sobre el evento al cual no todos podíamos acceder de manera presencial. Ha transcurrido un largo proceso evolutivo en las formas tecnológicas y en su apropiación cultural que modificaron notablemente las prácticas del campo artístico; lo que nos permiten, hoy, acercarnos a los sucesos de manera instantánea y sin la necesidad de estar en el lugar de los hechos, o mejor aún, que nuestra locación puede convertirse en el escenario de la propuesta. BIENALSUR persigue esta meta y es, sin dudas, un modelo a tener en cuenta de aquí en adelante.

Valeria Darnet es Lic. en Artes Plásticas y crítica. Artista grabadora y docente UNaM.

Link relacionado: http://bienalsur.org/

#24, CINÉFILOS / May, 2017

Sin lugar para los débiles

En un mercado cinematográfico donde abundan las historias en las que los buenos siempre ganan “casi sin despeinarse” -diría mi papá- encontrar un film en el cual la historia rompa ese cliché tan alejado de la realidad siempre es bueno. Más cuando se trata de los hermanos Ethan y Joel Coen, que una vez más nos presentan una historia simple, adaptada de la novela de Cormac McCarthy, que poco a poco va creciendo hasta volverse tan atrapante como imprevisible.

El film nos muestra a un hombre simple, el texano Llewely Moss (Brolin), quien un día encuentra dinero -dos millones de dólares para ser más exactos- en medio de un escenario caótico de una transacción entre traficantes que terminó mal y decide quedarse con el mismo, sin saber que esta decisión terminará embarcándole en un viaje sin retorno.

Es casi imposible no querer que a ese hombre, con el cual nos sentimos identificado -al final de cuentas ¿quién no hubiera hecho lo mismo?-, le vaya bien, sobre todo cuando hace su aparición Anton Chigurh (Bardem): un asesino a sueldo un hombre que es una máquina de acción sin sentimientos visibles, quien comienza a perseguir Llewely en un juego de gato y ratón. En medio de esta historia está el viejo sheriff Ed Tom Bell (Jones), un hombre simple que heredó el puesto de su padre y se lamenta porque el lugar donde creció ya no es como en los viejos tiempos. La realidad es que la violencia crece día a día, en la que no hay solo un Anton, sino muchos, y el desencanto que le produce esto lo lleva preguntarse si su tarea tiene algún sentido en un mundo cada vez más corrompido.

Haciendo honor al título en español No hay lugar para los débiles, -una de las pocas veces en las que la traducción no le jugó en contra a la película- vemos como en este relato no hay buenos y malos; simplemente hombres movidos por el deseo y sus propias ambiciones.  La apuesta es alta y como dice Anton “hemos estado apostando toda nuestra vida solo que no lo sabíamos”.

Entonces, hagan sus apuestas y buena suerte, ya que en esta tierra de nadie, cada día hay menos lugares para los débiles.

 

Joselo Prado es estudiante de Comunicación Social en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. UNaM.
Ficha técnica
Título original: No Country for Old Men
Año: 2007
País: Estados Unidos
Dirección: Joel Coen, Ethan Coen
Guion: Joel Coen, Ethan Coen (Novela Cormac McCarthy)
Reparto: Tommy Lee Jones. Javier Barden. Josh Broin. Woody Harrelson. Kelly Macdonald.
Género: Drama/ Thriller
Duración: 122 minutos

Link: https://www.youtube.com/watch?v=WN2euKKeO5w