Mixtura y barro en la expresividad

ISSN 2618-3056



“Todo nos incita a abandonar de una vez la visión de una naturaleza no humana y de un hombre no natural”
Serge Moscovici
Se dice que todo aquello que se encuentra en estado natural, no ha tenido intervención por parte del hombre. Y que, en todo aquello que es considerado arte, sucede totalmente lo opuesto. Entonces, ateniéndonos a estas definiciones: ¿cómo podríamos hablar de cualquier manifestación que encasille dentro de la categoría “Arte y Naturaleza”? ¿Cómo podríamos hablar, así, de una muestra dónde ambos se articulen y funcionen sin transgresiones a sus esencias?
Sin embargo, a fines de 1960, un movimiento artístico preocupado por concentrar estas dos grandes fuerzas -una humana y la otra no- dio origen a nuevas expresiones relacionadas al modelo más acudido por el arte: la Naturaleza. Algunos artistas, con la idea de salirse del espacio expositivo institucional, trabajaron directamente los espacios naturales como escenografías de sus grandes obras e instalaciones. Pero no tuvieron en cuenta que al hacerlo, perjudicaban a este nuevo telón de fondo. Otros, con cuidado de sus posibles efectos sobre el paisaje, al intervenirlos, trataron de no quebrantarlo y dejarlo al criterio de sus propias leyes -las naturales- para volver a su estado original o modificarlos, pero no en esencia; dejándonos con sus registros una denuncia, un llamado a la reflexión, una apreciación del mundo natural que nos rodea. Surgía así –dice Edgar Morin-, la conciencia ecológica, la cual se extendería hasta la Ciencia, retornando hacia una visión romántica por lo natural, en especial por todos aquellos “seres que se sienten vejados, atormentados, oprimidos en un mundo artificial y abstracto.”
El 18 y 19 de mayo, en la casa del Bicentenario de Oberá, Suyay Herrera2 presentó una serie de proyecciones fotográficas donde podíamos presenciar escenas de un hábitat autóctono, en el cual dos figuras humanas se conjugan con el mismo, sin imponerse a él; acompañada de sonidos propios del entorno -lo que nos genera gran sosiego ante los ruidos rutinarios de la ciudad-. Los personajes se presentan desnudos, en estado “puro”, tal como se encuentra lo natural -se asemejan a aquel. Juegan a partir de los mismos elementos que hallan en la escena, camuflándose con ellos, presentándolos, descubriéndolos. Hay una sensación de alabanza a este medio ambiente que les permite ingresar, los acepta y los acoge, dejándolos ser parte de él. Nadie interrumpe el camino del otro. Solamente conviven. Inspirada por el pensamiento complejo y ecologizado de Morin, la autora intenta denotar que su coexistencia es holística: “el mundo está en nosotros, al mismo tiempo que nosotros estamos en el mundo”3. Y que, “También la biósfera, que es un ser vivo, aunque no tan frágil como se pudo haber creído, puede ser herida de muerte por la acción humana”.4 Su base se halla en el respeto mutuo, y se lo percibe en cada imagen vista. Sin dudas, “Plantando conexiones” nos deja entrever que, si arte y naturaleza pueden articularse y funcionar sin transgredirse mutuamente, no queda otra que preguntarnos: ¿por qué nosotros no?
Valeria Darnet es Licenciada en Artes Plásticas. Docente UNaM. Artista Grabadora.

Normalmente tengo que ver una película completa antes de opinar sobre la misma. Sin embargo, cada tanto aparece uno de esos films, con los que cinco minutos bastan para saber que se trata de una gran obra. Ese es el caso de “Sound of noise”, un film sueco, escrito y dirigido por Ola Simonsson y Johannes Stjarne Nilsson. Me demoró cinco minutos y cinco segundos considerarla una película formidable. Ese es precisamente el tiempo que tardo en introducirme a un mundo donde la expresión artística, para mí, no tiene límites. Donde la barrera entre la música y el ruido se pierde por completo y no queremos salir a buscarla… No queremos porque, de pronto, llegamos a ese lugar en el que siempre quisimos estar: ese en el que nadie nos dice que es lo correcto; un lugar que siempre estuvo ahí, en la monotonía de cada día pero que la misma rutina nos impide reconocer. Esta sensación la vivimos junto a Amadeus, el protagonista de la historia. O, quizás debería decir que Amadeus padece la historia, que resulta ser la protagonista, tanto por su originalidad como por su narración, con una edición precisa, hermanada a una impecable banda de sonido. Si nos entregamos a esta historia, podremos
disfrutar de la música que nos brinda, desde el más molesto de los sonidos hasta el más profundo de los silencios.
Leonardo López es Diseñador Gráfico. Docente UNaM. Realizador FX.
Ficha técnica
Título: Sound of noise.
Año: 2010
País de origen: Suecia.
Protagonistas: Bengt Nilsson, Sanna Parson Halpi,
Magnus Borjeson, Marcus Haraldson Boij, Johannes
Bjork, Fredrik Myhr, Anders Vestergard.
Dirección: Ola Simonsson y Johannes Stjarne Nilsson
Guión: Ola Simonsson y Johannes Stjarne Nilsson
Link de tráiler: youtube