En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#4, MISCELÁNEAS / Ago, 2013

A propósito de una crítica

Las vindicaciones poseen el riesgo de no ser gratas, resultan, casi siempre, molestas fundamentaciones que se ignoran en la maraña de interpretaciones avivadas por las relaciones del momento. Las reivindicaciones, por su parte, tienen otras lecturas, simulan acercar las interpretaciones a formas más cercanas a la justicia; una justicia que se entiende como un modelo parcial de la justicia social o de la divina. Además, explican y contienen las innumerables estrategias que sostienen las argumentaciones y las prácticas locales de retención del valor de un sentido. La crítica trabaja, en la mayoría de los casos, desde la reivindicación: “recupera” un sentido perimido para afirmar otro de valor efectivo –tanto uno como otro pueden estar perimidos, pero el trabajo de la reconstrucción del valor es, siempre, la tarea de la crítica -. Las decadencias pueden, entonces, reivindicarse para sostener un momento de esplendor o un espacio de máxima valoración –otra de las tareas de la crítica es integrar a su discurso el tiempo o el espacio, quizás ambos, pero esto sucede en tan pocas ocasiones que son hallazgos citados y no practicados -.

La escritura de la crítica describe un mapa o una historia de textos que se desentienden de su lectura o de su producción, porque si han sido escritos es porque ya han sido leídos o retomaron el problema donde el vacío era una antecedente y no un entramado de relaciones posibles. Las prácticas lecturales críticas anulan, en un doble movimiento, la interdiscursividad y la intertextualidad –por supuesto, que se hace referencia a la mayoría de los trabajos, no a la totalidad de los trabajos críticos -. La anulación tiene como base la certeza de la lectura: propuesta una hipótesis de lectura o de interpretación no se permite ni la errancia ni la deriva del sentido, forma y contenido primario se encuentran en un punto de afirmación. Las prédicas por situar la lectura en una “mala lectura” se agotan, la “tarea” del crítico es “leer bien” o, por decirlo de otra manera, las lecturas buenas tienen la autoridad de la erudición. Si el crítico ha leído o mirado es porque lo leído o mirado merece ser (re)conocido desde la posición, pocas veces cuestionable, de quien ejerce la autoridad del saber y la expone para ser reconocida y, al mismo tiempo, para guiar el reconocimiento mediado de algo –un libro, una pintura, una película, un etcétera- que se encontraba, hasta ese momento, en las nebulosas del desconocimiento. Toda corriente crítica o grupo o crítico solitario, es justo señalarlo, sueña con hallar su Van Gogh, su Arlt, antes de que el olvido real y aplastante borre sus obras o, lo que es peor, que un grupo rival lo halle primero y lo muestre al mundo. La rivalidad, siempre fundada en estéticas diferentes, aflora por una cuestión temporal y, desde allí, se ubica, si vale la pena, en la historia.

Entonces, ¿por qué la resistencia a la crítica? Propio de un campo artístico -pero no banalicemos la sociología- que, por parte de sus autores, y en una paradoja inexplicable, se ubica en la posición de pretender que sus producciones no sean escuchadas, miradas o leídas. Como si la lectura de quien sabe, el crítico, sólo se despliega desde la impotencia, el resentimiento o la frustración. Quien mira y sabe que mira, sabe qué mira. En la distancia y la aproximación que se da entre la obra y la mirada se juega el juego del arte o, si es necesario quitarle el sentido lúdico por su equívoca relación únicamente con el mundo infantil, se dirime el hacer de las artes. No querer ser interpretado lleva las obras a prácticas para los cercanos (familia, amigos, profesores), pero no estaríamos hablando de artes, sino de terapias, hobbies, pasatiempos. En la mira de la crítica está el  arte, aquello que merece ser mirado más allá de la rutinaria limitación de lo doméstico. El arte, entonces, quizás sea eso que podemos mirar como no domesticado, familiar o cotidiano y que nos encuentra y nos obliga a que lo encontremos.          

Sergio de Miranda es Lic. en Letras. Docente UNaM, FAyD y FHyCS.

 

#4, RECOMENDADOS / Ago, 2013

Sin sospecha, ni obsesión…

Una mujer se acerca hacia algo que cuelga de la pared, sabe que hay cosas que no debería hacer. Se aleja, parpadea, sostiene su mentón y suelta una mueca de risa: “al arte ya no es lo que era”.

Para desgracia o felicidad de muchos el arte siempre es otra cosa, por esta razón, volver sobre cuestiones como el artista y su obra es algo que debería ser una constante, sobre todo en instancias formativas.

Conocer el pensamiento, los mecanismos de construcción de un discurso artístico, los métodos y procesos que intervienen en la producción de una obra desde las palabras de los artistas, es una excelente manera de pensar, interrogarnos sobre lo que ya sabemos. Vademecum para artistas, del arquitecto y artista bonaerense Horacio Zabala, acerca una variedad de pensamientos de diferentes artistas y estetas de distintos momentos.

Mirar una y otra vez, esa es la propuesta. Responder lo que aun suena como pregunta sobre nuestras experiencias estéticas, volver a interrogarnos sobre ello. Sin sospecha, ni obsesión, no hay arte…

 

Héctor Borges es Lic. en Artes Plásticas. Docente FAyD. Artista Visual.

Datos de la obra:
Título: VADEMECUM para artistas. Observaciones sobre el arte contemporáneo.
Autor: Horacio Zabala
Año: 2009
Argentina: Asunto Impreso Ediciones
Pp: 192

Link editorial: http://asuntoimpreso.com/asuntoimpresoediciones/catalogo/asunto-impreso-ediciones-186/vademecum-para-artistas-369  

#3, TAPA / Jul, 2013

Sin caos no hay orden

En Física, entropía es un término derivado de la segunda Ley de la Termodinámica y que mide la energía consumida no reutilizable de un sistema. El Universo tiende al caos, a la ausencia de formas, al desorden. Cuanto mayor entropía presente un fenómeno, mayor desorden habrá. Y si alcanza su grado máximo, el Universo equilibrará todas las temperaturas y presiones, lo que implicaría su muerte térmica. La mayoría de los sistemas en la Naturaleza, tienden a esta búsqueda del equilibrio total, uniforme. Para poder resistir esta lucha, la materia viva debe consumir y degradar energía continuamente. Los seres humanos, por ejemplo, transformamos nuestra energía en trabajo, y la reponemos mediante comida. Como sistemas abiertos, continuamente interactuamos con el medio–que a su vez es otro sistema mayor. Intercambiamos energía y materia, lo que implica un aumento cada vez mayor de entropía; de desorden. Pero, a su vez, aumenta la información, que nos permite controlar ese nivel entrópico; ergo, generar orden. Ya que sin él, no hay caos y viceversa.

Tal vez se preguntarán ¿qué tendrá que ver todo esto con una muestra plástica? Veamos… Durante el mes de junio, en el MPBA Juan Yaparí, se presentó una muestra de pinturas titulada Desentropía. Su lectura general no es inmediata, y cada cuadro demanda su tiempo. La intención de su creador Carlos Tartarini, fue hacer una analogía sobre esa pérdida gradual de energía, tratando de recuperar la que –según sus palabras- iba quedando en el camino y transformarla en idea. Inspirado en un capítulo del libro Super-Fuerza del divulgador científico Paul Davies, recordó también al filósofo Teilhard de Chardín quien sostuvo que la negentropía, el estado post-entrópico, no implica la pérdida de esa energía, sino la transformación de la misma en algo más complejo, más sutil, más refinado –nos comentó el artista.

Apasionado por la metafísica y todo tema relacionado a los aspectos macro y micro de nuestro Cosmos, Tartarini sostiene haber encontrado en las figuras geométricas la posibilidad de representar la Idea, y junto a ella, a la Luz como madre de todo, y al Color, como su hijo. Sin la madre, no existiría imagen perceptible en el Universo. Sus imágenes exigen observación. Aquí, la luz es la protagonista, y como forma de energía que se propaga vía ondas y partículas, se evidencia en lo plástico. Las figuras se superponen, se yuxtaponen. El espectro de colores se presenta determinado por momentos. En otros, las ondas se expanden hacia el espacio. En la lectura de los cuadros del artista, podemos ver toda esa energía formada por fotones –luz- que absorben las ondas del espectro, reflejando otras, y son las que conocemos con el nombre de pigmentos. Allí nace el hijo -el color- que nos permite detectar las propiedades lumínicas de las formas y a través de las cuales, percibimos que la idea ha sido materializada, ordenada. Tartarini les ha dado un orden a sus ideas sobre el fenómeno fisiológico; les dio forma. Con imágenes abstractas ha logrado plasmar estos conceptos que lo provocan. Y es ese orden, justamente, el que nos indica que esa materia viva está allí y lucha para que la energía perdure, subsista. Probablemente por ello, hasta que los cambios físicos y químicos ya no sean posibles, la presión y la temperatura sean uniformes, y todo converja en un solo sistema único; el artista intentará siempre quebrar ese equilibrio universal: transmutando, así, caos en orden, entropía en desentropía.

 

Valeria Darnet es Licenciada en Artes Plásticas. Docente UNaM. Artista Grabadora.

Imagen: El electrón es zurdo. Acrílico. (fíjate donde está la camarita, hacé click y despliega) http://www.arsomnibus.com.ar/web/muestra/carlos-tartarini-en-el-macla

#3, CINÉFILOS / Jul, 2013

La venganza es un plato que se sirve exageradamente frío

Hablar de una película cargada de violencia e imágenes fuertes puede resultar difícil, sobre todo si queremos recomendarla, y ni hablar si se trata de un film coreano, ya que Hollywood tanto nos acostumbró a ver películas estructuradas en su propio lenguaje narrativo, repletas de clichés que muchas personas no resisten ver cine originario de otros países. Sin embargo, en 2003, el director surcoreano Chan-wook Park superó esta barrera con el estreno de Oldboy, segunda entrega de lo que se denominó la trilogía de la venganza. Esta interpretación audiovisual del manga (comic japonés) homónimo logra superar todas las expectativas con su original historia y particular guión, un film que varía su ritmo y clima en varias oportunidades manteniéndonos en constante intriga, expectantes hasta el último minuto. No es una película para ver en familia, pero a su vez resulta imperdible. En su historia, plagada de interrogantes, nos presenta distintos planteos en torno a su protagonista, Oh Daesu, quien resulta víctima de un secuestro tan particular que cambiará su vida para siempre. Un guión tan insólito que puede hacernos cambiar nuestra actitud frente a quienes nos rodean, e incluso, la manera en que nos manejamos por la vida.

Leonardo López es Diseñador Gráfico. Docente UNaM. Realizador FX.

Ficha técnicaTítulo: Oldboy
Año: 2003
País de origen: Corea del Sur.
Dirección: Park Chan-wook
Guión: Park Chan-wook, Hwang Jo-yoon (Manga: Nobuaki Minegishi)

Reparto: Min-sik Choi, Ji-tae Yu, Kang Hye-jeong, Ji Dae-han, Dal-su Oh, Byeong-ok Kim, Lee Seung-Shin, Jin-seo Yun