En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#41, MISCELÁNEAS / Sep, 2021

El rock rioplatense: de MTV a Spotify

Levante la mano quien haya escuchado algo de las siguientes bandas de rock rioplatense: Mejor Actor de Reparto, Acorazado Potemkin, Facón, La Mujer Barbuda, Los Espíritus, Octafonic; o de los siguientes nombres propios: Axel Krigier, Francisco Bochatón, Nicolás Sorín. Todos estos nombres circularon o circulan aún dentro de ese imaginario que convencionalmente llamamos “rock” pero no llegaron a la trascendencia, proyección internacional y popularidad masiva que tuvieron -y tienen- Soda Stereo, YKV, Los Pericos, Los Auténticos Decadentes, Spinetta, Páez o Calamaro. 

No es un secreto que, de un tiempo a esta parte, hubo cambios culturales y tecnológicos que habilitaron espacios de difusión y posibilitaron la exposición de artistas que ya no están a merced de ser “descubiertos” por una compañía discográfica. La posibilidad de grabar en casa con tecnología accesible, el acceso a redes sociales y plataformas gratuitas para compartir las producciones, entre otras que surgen aceleradamente en el bioma digital internáutico. Así, se multiplicó exponencialmente el número de artistas (desde los aficionados menos rigurosos hasta los músicos profesionales) a lo largo del siglo XXI. En algunos casos, lograron captar un público más o menos amplio, más o menos fiel. Pero fuera de estos círculos de seguidores, se mantuvieron alejados de la masividad, de esa llegada de las grandes bandas y solistas que formaban parte del acervo colectivo más allá de que a uno le gustaran o no. Por ejemplo, uno podría no haber sido un seguidor de Los Redondos, sin embargo, difícilmente ignoraba su existencia o desconocía al menos el estribillo de “Un poco de amor francés”.

No sé si para bien o para mal, cierto paradigma (el del estrellato) comenzó a perder fuerza dentro del ambiente del rock rioplatense. El siglo XXI aún no nos ha provisto de un Cerati, de un Divididos, de un Babasónicos. No en tanto cualidades artísticas o talento, sino en tanto proyectos musicales de gran exposición pública. Hubo algunos conjuntos -El Mató a Un Policía Motorizado, por mencionar uno- que estuvieron cerca pero luego su popularidad se diluyó y repartió entre unos pocos “iniciados”. Otros mantuvieron cierto nivel de popularidad, pero en virtud de fórmulas para el éxito y en desmedro de la experimentación y la originalidad, como los uruguayos de No Te Va a Gustar, más inclinados a dar el gusto a un público de consumidores de cierto pop latino.

Creo que ese paradigma tuvo con Catupecu Machu su último referente y su carta de defunción fue el lapidario disco quíntuple de Calamaro, “El salmón” (2000). Luego de eso, las grandes estrellas del rock rioplatense mantuvieron su estatus mediante reciclados, reinvenciones y sociedades con bandas y músicos de otros ámbitos; en intentos más o menos dignos, más o menos afortunados, más o menos interesantes según el caso. Luego de eso, en las dos décadas que ya lleva este siglo, ninguna banda o solista logró trascender y permanecer en el tiempo con una propuesta estética sólida, con una identidad propia, con un carisma magnético. 

Como cierre, una aclaración: no escribo esta nota con nostalgia por un “pasado mejor”. Celebro que las condiciones actuales permitan una proliferación de artistas cuyas obras, en otros tiempos, no hubieran superado el confinamiento forzoso y la espera de un golpe de suerte. Solamente expongo una situación llamativa a la espera de discusiones productivas al respecto. 

Sergio Quintana es Profesor y Licenciado en Letras, y Magíster en Semiótica Discursiva. Se desempeña como docente e investigador en la UNaM.

#41, TAPA / Sep, 2021

S/T – Hugo Braga

Fotomontaje digital.

Leandro N. Alem, Misiones.

Septiembre 2021.

Hugo Braga es Artista plástico, músico,licenciado en Artes Plásticas por la Facultad de Arte y Diseño de Oberá. Nación en Leandro N. Alem Realizó y participó en diversas producciones musicales, literarias y teatrales de manera individual y colectiva. Participó, además, en varias muestras individuales y colectivas, entre ellas: “Extras” (Taller de Arte El Cubo, Leandro N. Alem, 2013); “Antes del Tiempo” (Trillo espacio de arte, Oberá, 2011); “Asociación Ilícita” (Centro Cultural Vicente Cidade, Posadas, 2007); “El Tercer Pie” (Centro Cultural Argentino, Fiesta Nacional del Inmigrante, Oberá, 1998); “Poética Móvil” (Chubut, Argentina, 2010); “Diagnóstico Reservado” (Facultad de Artes y Diseño, Misiones, Argentina, 2010); “Tratamientos” (La Cueva, Rosario, Argentina, 2009); “Argentina Pinta Bien 2007” (Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina, 2008).También se destaca por su versatilidad en otras disciplinas, como música, poesía y dramaturgia. Actualmente integra la banda “No Cantes, Victoria”.

http://www.saicuma.org/users/lic-hugo-braga 

#41, CINÉFILOS / Sep, 2021

Galopar la infancia en la ruralidad: ideas sobre Fidel, niño valiente

El camino desde la infancia hacia la adultez suele ser un proceso complejo en el cuerpo y en las emociones, un proceso que abarca miedos, inseguridades, desafíos, aprendizajes, crecimiento. Pero resulta aún más conflictivo el paso inmediato de la infancia a la adultez sin atravesar el camino de sobresaltos, expresados en una temprana búsqueda del mercado laboral por el empuje de la situación económica.

Lejos de militar “una cultura del trabajo” que explota infancias y demanda tareas laborales mal pagas, Fidel, niño valiente llama a una profunda reflexión social sobre las circunstancias del sistema que interrumpen e intervienen -en lo posible- el proceso de aprendizaje de la niñez, aquel sin maldades y con amistades entrañables. Digo en lo posible porque, en el filme, el protagonista Fidel no puede dejar de ser niño y hacer actividades de niño: reír, jugar, aprender, divertirse, ensuciarse. No puede ni quiere, a pesar de que tuvo que migrar desde Paraguay a Misiones y trabajar para sobrevivir.

En medio de ese mundo de lo que implica ser niño en la ruralidad, Fidel tiene el don de ser un gran jinete a tan temprana edad. Su caballo “Che Negrito” es una representación de amor genuino, al mismo tiempo que representa un salvavidas económico en un territorio hostigado por las empresas forestales. En una historia familiar signada por la migración y las dificultades económicas, el caballo es la compañía que apabulla la extrañeza a la familia y al pueblo.

Fidel deja que se cree un mito en torno a él, no interviene en las conversaciones que hablan sobre sus carreras en la tierra colorada, él solamente actúa bajo sus dos convicciones de niño-adulto: disfrutar de ser niño y ayudar, mediante el triunfo, al sustento económico de su familia; o mantener esa esperanza del triunfo, que nos remite a una ilusión mundialista en épocas de Maradona. 

Las diferentes texturas de la imagen traen una pregunta que, para el espectador, siempre resulta conflictiva en este tipo de obras: ¿hasta dónde es una puesta en escena y hasta dónde no lo es? La respuesta a esta pregunta aparece en una lectura del montaje, donde las emociones se aceleran y la adrenalina exaspera.

La historia es un trágico derrotero del sistema social, económico y político en el que vivimos. Pero, en ese trágico derrotero, conocemos a Fidel, despedimos al Che y recordamos a Maradona. Las alegrías y los símbolos populares se funden en un abrazo colectivo, un abrazo como el que queremos darle a Fidel cuando llegamos a la placa de créditos.

 

Leandro Zerbatto es Técnico en Medios Audiovisuales y Fotografía (UNaM), Lic. en Cine y Audiovisual (UNILA), Maestrando en Cine de América del Sur (UNA).

 

Título original: Fidel, niño valiente

Dirección: Mario Verón

Producción: MST Libertad Misiones, Puatarara Films

Género: Documental | infancia.

Año de estreno: 2021

País de origen: Argentina

Duración del film: 74 min.

Reparto principal: Intervenciones de Enrique Yuka Caballero, Erico Canteros, Fidel Canteros.

Fotografía: Pablo Bruzzone

Música: Lucas Guinot

MISCELÁNEAS / Abr, 2021

Sobre la posibilidad y la necesidad de una educación artística

Si todo es arte, nada es arte, entonces: ¿qué es arte?¿para qué hacemos arte? ¿qué nos produce el arte?¿se puede enseñar y aprender? ¿es necesario?

Sobre estas cuestiones reflexiono, discuto, estudio y enseño hace muchos años, es un hecho que no hay una sola verdad acerca de ello, pero también lo es que para tener políticas claras con respecto a la educación artística tenemos que pararnos desde alguna postura. Considero que el disfrute de una experiencia estética y la posibilidad de manifestar nuestra visión del mundo a través del arte es algo que se aprende, y por lo tanto se puede y se debe enseñar. Me parece al menos superficial, sino peligrosa, una mirada que ponga a toda manifestación estética en el mismo lugar, pero también aquella que reserva a una élite privilegiada la posibilidad de acceder a la fruición y/o producción del arte.
Si el arte es un tipo de conocimiento humano, al igual que lo es la ciencia, una forma de entender, conocer y hacer el mundo, entonces deberíamos poder definir sus límites, considerar sus reglas, comprender su funcionamiento, aunque más no sea para expandir, romper, ampliar, que de eso se trata…
Entonces ¿de dónde partimos? ¿con qué realidad contamos? Podemos hacerlo desde la posición de suponer que para que el arte exista son imprescindibles tres condiciones: un artista creador, una obra perceptible, un espectador/ receptor/ fruidor.
Si nos concentramos en la obra, lo material que aparece ante nuestros sentidos, lo palpable, audible, visible, tenemos que preguntarnos ¿cuándo es arte? Cuando funciona como arte, dirían algunes autores, pero eso, ¿qué significa? A nivel individual considero que cuando nos conmueve, nos emociona, nos despierta, nos moviliza, nos sacude, nos saca de lo cotidiano, amplía y profundiza nuestro conocimiento sobre el mundo y sobre nosotros mismos, nos genera más preguntas que respuestas, nos dispara infinitas remisiones, nos permite experimentar otras vidas, otros sueños, otras realidades, sin riesgos, y a la vez nos refleja, nos da algo nuevo y al mismo tiempo algo eterno, a lo que siempre deseamos volver, a lo que volvemos cada vez diferentes, eso que “insta al receptor a avanzar en la ruta del deseo”, en palabras de Marta Zátonyi.
Pero el arte también es una herramienta comunicativa, y como tal funciona como elemento generador de cohesión social, de comunidad, de pertenencia, de transmisión de conocimientos e historia, y a la vez puede develar (y hasta disparar) procesos de ruptura, de cambio, de transformación social; es un territorio de disputa entre el poder hegemónico y la disidencia transgresora, es también un medio que nos conecta con el inconsciente colectivo subyacente en cada época.

¿Y qué debe tener una obra para lograrlo? ¿Cómo sabemos que lo que estamos percibiendo es arte? Algunos indicios serían: lo auténtico antes que lo impostado, lo verosímil antes que lo verdadero, la metáfora antes que lo literal, lo sorpresivo antes que lo obvio, lo original antes que la copia, nuevas relaciones antes que las ya sabidas, varias capas de significado, la unidad con variedad, la repetición con diferencias, una totalidad equilibrada y movediza, un caos organizado, un orden caótico ….

¿Y le artista? ¿quién es, qué hace, cuál es su rol, qué lo hace artista? Trabaja con lo material desde una idea, es decir que transforma lo inmaterial en material, hace visible lo invisible, ordena el caos, refleja el mundo pasándolo por su interioridad, y lo transforma. Para eso debe conocer las reglas del lenguaje o disciplina con que elige hacer su obra, para seguirlas o para romperlas y hacer otras, y eso se adquiere, se aprende, siempre con otres, de manera informal o formal, sistemática o asistemática, pero siempre se aprende. Saber qué se hizo antes, para no repetir, qué se está haciendo ahora en el campo del arte, tanto en su lenguaje/disciplina, como en otros, conocer qué pasa en otros campos, qué conocimientos nuevos hay, qué fluye en el inconsciente colectivo de su época. Salir de su ombligo, mirar al mundo, absorberlo, digerirlo, vomitarlo si es necesario, empatizar, enajenarse, pasar todo por el cuerpo, el pensamiento y la emoción, decidir qué quiere poner en la obra, cómo, qué necesita decir, cómo, luchar con eso, fracasar, volver a intentar, hasta decir “es esto”.

“Sólo cuando abstraes todo cuanto sabes acerca de la vida, y lo ordenas como una proposición que ilumina estructuras significantes, tienes a la vez lo bello y lo permanente” Samuel Delany.

Eso no significa que todes tenemos que ser artistas para expresarnos a través de los lenguajes artísticos, pero en menor escala son las herramientas que podemos acercar a les estudiantes: conocimiento y experimentación con elementos, técnicas, materiales y posibilidades del lenguaje/disciplina, análisis de obras de distintas épocas y relación con el contexto, comprensión de qué, cuando, para qué y cómo es el arte, su vinculación con los demás lenguajes/disciplinas artísticas y todo el resto del conocimiento humano… el qué decir lo van a encontrar solos.

¿Y si solo queremos disfrutar del arte, ser fruidores? Entonces también hay un aprendizaje, desde la empiria de frecuentar muchas obras de todo tipo, género y procedencia, sin prejuicios, de comprender las diversas funciones que tiene el arte y decidir, desde el conocimiento, para qué las abordo, qué necesito en cada abordaje. No hay nada de malo en el goce instantáneo de una canción pegadiza, o la emoción envasada en una peli de acción, o las lágrimas esperadas de una novela romántica, siempre que no sea nuestro alimento cotidiano, que nos quedemos en eso, que nunca nos acerquen a la posibilidad que nos da el arte de una experiencia transformadora, brutal a veces, pero siempre profunda y movilizadora. No es lo mismo cualquier obra, así como no es lo mismo un fruidor sin expectativas, es necesario que confluyan varios factores para que la experiencia artística sea significativa, y eso es algo que se puede educar, sin prejuicios, sin elitismos, sin mezquindades y con inmensa pasión.
Considero relevante que esta educación incluya discusiones sobre la determinante influencia del mercado, la prevalencia del patriarcado heteronormativo, la predominancia de regímenes estéticos, la relación del arte con la política, la intervención del estado, las mismas tensiones dentro del campo del arte, ya que esto nos lleva a reflexionar acerca del poder que tiene sobre nosotres las obras que fruimos, en nuestra manera de estar, ser, comprender y hacer.
Ninguna de estas premisas es mía, no son más que un resumen de lecturas, de varies autorxs, con quienes coincido después haber experimentado como docente de arte, como fruidora de todo tipo de expresiones artísticas y como artista. Pretendo que sean un punto de partida para la discusión acerca de las implicancias de la educación artística como herramienta de transformación personal y social, de salud mental, de crecimiento, de comunicación y de expresión.
Estoy convencida que el arte es una parte vital de la existencia, no entiendo una educación completa que no lo ponga al mismo nivel que los demás campos del conocimiento humano, considero que es una de las grandes falencias del sistema educativo en la mayor parte del mundo, una deuda a saldar con urgencia.

Silvia Hedman es Profesora de Música, docente jubilada, poeta.