Sobre la posibilidad y la necesidad de una educación artística

Si todo es arte, nada es arte, entonces: ¿qué es arte?¿para qué hacemos arte? ¿qué nos produce el arte?¿se puede enseñar y aprender? ¿es necesario?

Sobre estas cuestiones reflexiono, discuto, estudio y enseño hace muchos años, es un hecho que no hay una sola verdad acerca de ello, pero también lo es que para tener políticas claras con respecto a la educación artística tenemos que pararnos desde alguna postura. Considero que el disfrute de una experiencia estética y la posibilidad de manifestar nuestra visión del mundo a través del arte es algo que se aprende, y por lo tanto se puede y se debe enseñar. Me parece al menos superficial, sino peligrosa, una mirada que ponga a toda manifestación estética en el mismo lugar, pero también aquella que reserva a una élite privilegiada la posibilidad de acceder a la fruición y/o producción del arte.
Si el arte es un tipo de conocimiento humano, al igual que lo es la ciencia, una forma de entender, conocer y hacer el mundo, entonces deberíamos poder definir sus límites, considerar sus reglas, comprender su funcionamiento, aunque más no sea para expandir, romper, ampliar, que de eso se trata…
Entonces ¿de dónde partimos? ¿con qué realidad contamos? Podemos hacerlo desde la posición de suponer que para que el arte exista son imprescindibles tres condiciones: un artista creador, una obra perceptible, un espectador/ receptor/ fruidor.
Si nos concentramos en la obra, lo material que aparece ante nuestros sentidos, lo palpable, audible, visible, tenemos que preguntarnos ¿cuándo es arte? Cuando funciona como arte, dirían algunes autores, pero eso, ¿qué significa? A nivel individual considero que cuando nos conmueve, nos emociona, nos despierta, nos moviliza, nos sacude, nos saca de lo cotidiano, amplía y profundiza nuestro conocimiento sobre el mundo y sobre nosotros mismos, nos genera más preguntas que respuestas, nos dispara infinitas remisiones, nos permite experimentar otras vidas, otros sueños, otras realidades, sin riesgos, y a la vez nos refleja, nos da algo nuevo y al mismo tiempo algo eterno, a lo que siempre deseamos volver, a lo que volvemos cada vez diferentes, eso que “insta al receptor a avanzar en la ruta del deseo”, en palabras de Marta Zátonyi.
Pero el arte también es una herramienta comunicativa, y como tal funciona como elemento generador de cohesión social, de comunidad, de pertenencia, de transmisión de conocimientos e historia, y a la vez puede develar (y hasta disparar) procesos de ruptura, de cambio, de transformación social; es un territorio de disputa entre el poder hegemónico y la disidencia transgresora, es también un medio que nos conecta con el inconsciente colectivo subyacente en cada época.

¿Y qué debe tener una obra para lograrlo? ¿Cómo sabemos que lo que estamos percibiendo es arte? Algunos indicios serían: lo auténtico antes que lo impostado, lo verosímil antes que lo verdadero, la metáfora antes que lo literal, lo sorpresivo antes que lo obvio, lo original antes que la copia, nuevas relaciones antes que las ya sabidas, varias capas de significado, la unidad con variedad, la repetición con diferencias, una totalidad equilibrada y movediza, un caos organizado, un orden caótico ….

¿Y le artista? ¿quién es, qué hace, cuál es su rol, qué lo hace artista? Trabaja con lo material desde una idea, es decir que transforma lo inmaterial en material, hace visible lo invisible, ordena el caos, refleja el mundo pasándolo por su interioridad, y lo transforma. Para eso debe conocer las reglas del lenguaje o disciplina con que elige hacer su obra, para seguirlas o para romperlas y hacer otras, y eso se adquiere, se aprende, siempre con otres, de manera informal o formal, sistemática o asistemática, pero siempre se aprende. Saber qué se hizo antes, para no repetir, qué se está haciendo ahora en el campo del arte, tanto en su lenguaje/disciplina, como en otros, conocer qué pasa en otros campos, qué conocimientos nuevos hay, qué fluye en el inconsciente colectivo de su época. Salir de su ombligo, mirar al mundo, absorberlo, digerirlo, vomitarlo si es necesario, empatizar, enajenarse, pasar todo por el cuerpo, el pensamiento y la emoción, decidir qué quiere poner en la obra, cómo, qué necesita decir, cómo, luchar con eso, fracasar, volver a intentar, hasta decir “es esto”.

“Sólo cuando abstraes todo cuanto sabes acerca de la vida, y lo ordenas como una proposición que ilumina estructuras significantes, tienes a la vez lo bello y lo permanente” Samuel Delany.

Eso no significa que todes tenemos que ser artistas para expresarnos a través de los lenguajes artísticos, pero en menor escala son las herramientas que podemos acercar a les estudiantes: conocimiento y experimentación con elementos, técnicas, materiales y posibilidades del lenguaje/disciplina, análisis de obras de distintas épocas y relación con el contexto, comprensión de qué, cuando, para qué y cómo es el arte, su vinculación con los demás lenguajes/disciplinas artísticas y todo el resto del conocimiento humano… el qué decir lo van a encontrar solos.

¿Y si solo queremos disfrutar del arte, ser fruidores? Entonces también hay un aprendizaje, desde la empiria de frecuentar muchas obras de todo tipo, género y procedencia, sin prejuicios, de comprender las diversas funciones que tiene el arte y decidir, desde el conocimiento, para qué las abordo, qué necesito en cada abordaje. No hay nada de malo en el goce instantáneo de una canción pegadiza, o la emoción envasada en una peli de acción, o las lágrimas esperadas de una novela romántica, siempre que no sea nuestro alimento cotidiano, que nos quedemos en eso, que nunca nos acerquen a la posibilidad que nos da el arte de una experiencia transformadora, brutal a veces, pero siempre profunda y movilizadora. No es lo mismo cualquier obra, así como no es lo mismo un fruidor sin expectativas, es necesario que confluyan varios factores para que la experiencia artística sea significativa, y eso es algo que se puede educar, sin prejuicios, sin elitismos, sin mezquindades y con inmensa pasión.
Considero relevante que esta educación incluya discusiones sobre la determinante influencia del mercado, la prevalencia del patriarcado heteronormativo, la predominancia de regímenes estéticos, la relación del arte con la política, la intervención del estado, las mismas tensiones dentro del campo del arte, ya que esto nos lleva a reflexionar acerca del poder que tiene sobre nosotres las obras que fruimos, en nuestra manera de estar, ser, comprender y hacer.
Ninguna de estas premisas es mía, no son más que un resumen de lecturas, de varies autorxs, con quienes coincido después haber experimentado como docente de arte, como fruidora de todo tipo de expresiones artísticas y como artista. Pretendo que sean un punto de partida para la discusión acerca de las implicancias de la educación artística como herramienta de transformación personal y social, de salud mental, de crecimiento, de comunicación y de expresión.
Estoy convencida que el arte es una parte vital de la existencia, no entiendo una educación completa que no lo ponga al mismo nivel que los demás campos del conocimiento humano, considero que es una de las grandes falencias del sistema educativo en la mayor parte del mundo, una deuda a saldar con urgencia.

Silvia Hedman es Profesora de Música, docente jubilada, poeta.

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