En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#23, MISCELÁNEAS / Abr, 2017

Trincheras

La tierra en el pueblo, me refiero al suelo, es caliente, como si estuviera enchufada. Pero como en Trincheras no hay electricidad eso es imposible. Todos los habitantes de la región deberían conocer este lugar, sin embargo la mayoría no lo ha escuchado nombrar tan siquiera. Qué pena, porque es realmente lindo aquí. No sé bien adónde reside su encanto, en su gente no, calculo. El calor malhumora a las personas y aquí hace calor todo el año. Como no hay luz eléctrica no es fácil habitar mi pueblo. Los malos modales son la regla, tanto así que las personas no se hablan entre sí. Y no me refiero solamente a los vecinos, eso sería entendible ya que el primer vecino vive en el pueblo de al lado, sino que en todas las familias –la mía- del pueblo nadie se dirige la palabra, ni ante la más ineludible necesidad de que una advertencia sea dada. Es por eso que los accidentes abundan, no hay quien le avise a uno.

Mi papá, por ejemplo, es el intendente. Todo indicaría que él debiera haber sido un hombre sociable para poder ejercer la diplomacia que un cargo ejecutivo requiere. Muy por el contrario, yo ni siquiera le conozco la voz.

Hermanos no tengo, hermanas tampoco, así que me acostumbré a andar solo desde chiquito. No me molesta el silencio. Lo que sí, no puedo tolerar los malos modales. Alguien tiene que hacer algo para educar a este pueblo. Por suerte, no me cruzo con nadie.

Parece que antes era distinto: había luz eléctrica y la gente se podía refrescar frente a los ventiladores, así que también tenía mejor humor. Los vecinos se juntaban los domingos después de la iglesia, los hombres jugaban a las cartas y las mujeres tomaban mate mientras los chicos remontaban barriletes en donde ahora sólo hay yuyales. Pero, desde que la esposa del intendente le clavó un cuchillo en la pierna que lo mató del desangre y salió corriendo por la entrada del pueblo hacia no sé dónde, todo cambió aquí en Trincheras. Ya no hubo quien se ocupara de la luz y la terminaron cortando. Para más, la gente que no se murió de calor comenzó a creerse que había una maldición de quién sabe qué calaña -era una población muy ignorante- y se fue, temerosa, de Trincheras. Yo, gracias a Dios, no recuerdo esa época, así que no sé si era mejor o peor que ahora. Salvo por los malos modales, a mí me gusta así.

No sufro para nada. Se ve que la leche de la perra de la casa del intendente -la mía- me hizo fuerte. Debo reconocer que se portaron bien conmigo en esa familia. Sobre todo mi padre. Buena persona el intendente que me convidó sus gusanos para que no me muriera de hambre. No sé cuánto hará de eso, yo era una criatura. De lo que sí estoy seguro, y un poco me apena porque no me gustan los malos modales, es que sigo sin conocerle la voz.

 

Pablo Bueno estudió Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Actualmente trabaja como redactor.

Link relacionado: https://www.facebook.com/pablo.bueno.338/about?lst=100006279437727%3A1150584342%3A1515813592

#23, RECOMENDADOS / Abr, 2017

El futuro/presente del arte

El futuro del arte es un documental dirigido y editado por Gabriel Shalom junto a la productora Patrizia Kommerel, realizado en el marco del Transmediale Festival de Berlín en 2011, en el cual se plantean cuáles son los lineamientos estéticos y los cambios en la manera de producir y hacer circular arte hoy en día en la era mediática de Internet.

Dentro de los debates planteados en este incierto futuro que tomará el arte sin definirse completamente, la originalidad, la propiedad y su valor mercantil son ejes que se relacionan con la idea del genio creador y que lentamente se va desintegrando. Actualmente, plantea Ken Wahl -uno de los entrevistados-, las ideas circulan y justamente en el uso que se hace de ellas es dónde se halla el arte, no en la persona de quién surgió la idea como tal. Así como las palabras mutan para Groys, las obras se van descontextualizando y son encontradas en la web en muchos sitios, con diferentes significados y asociaciones. Uno de los factores para que ello suceda, es que el océano informático interconectado permite que el usuario se apropie de cada imagen o idea, la resignifique según su necesidad y la ponga a circular nuevamente con otra carga simbólica antes no pensada. A esto refería Valéry cuando decía que se podrá transportar o reconstruir en todo lugar el sistema de sensaciones, que las obras serían ubicuas. Esto lleva de fondo el debate por la curaduría que se hace de dicha imagen. Qué relación hace cada usuario desde su propia recepción y cómo esa recepción vuelve a transformarse sujeto a sujeto.

Ahora bien, en cuanto al debate sobre su propiedad, si la obra ha sido puesta a disposición de los usuarios en la web por el mismo artista, es porque hay una intención para que ésta circule y se está consciente de que no podría reclamar su uso a nivel de propiedad, ya que la red no lo ampara en el espacio virtual donde es, justamente, ubicua. Gran parte de las obras encontradas hoy en la web apuntan a una movilidad artística que incrementa o refuerza el valor de las obras en su proceso creativo, inclusive sin la necesidad concreta de trasladarse físicamente y para lo cual Internet ofrece el escenario ideal dónde poner a circular la producción alrededor del globo. Lo que, a su vez, hace más difícil su adquisición como tal.

En cuanto a su valor mercantil, si bien Joachim Stein –otro de los entrevistados- señala que se puede poner cualquier cosa a circular y que eventualmente el mercado lo valuará como mercancía, la verdad es que cada vez más los artistas están valorando su producción ellos mismos y las están poniendo al alcance de los interesados que no necesariamente integran el circuito oficial de las Artes. La realidad fuera del espacio virtual nos señala que, el Sistema de las Artes aún domina la escena institucional con determinadas reglas y cadenas de circulación con las cuales continúan “legitimando” el valor de las obras de arte. Y también la tendencia del mercado del arte contemporáneo nos indica que las obras materialmente tangibles son aquellas que se adquieren, más que los lenguajes intangibles que suelen presentarse con las técnicas nuevas como el video mapping, por ejemplo.

En consecuencia con lo anterior, hay también una tendencia de retorno de los mismos artistas hacia las disciplinas tradicionales mezclando diversas técnicas y combinaciones híbridas, que complejizan la producción, y resultan en difíciles catalogaciones inespecíficas, propias del arte actual.

¿Podrá cumplirse la utopía de una omnipresencia de obras legisladas y con valor mercantil legitimado? Resta preguntarse, al igual que los autores, cuál será efectivamente el futuro de un campo artístico aún regido por las leyes del mercado y por una preferencia a obedecer sus demandas a pesar de las posibilidades de acceso, costos bajos y ubiquidad que lo digital ofrece.

 

Valeria Darnet es Lic. en Artes Plásticas y crítica. Artista grabadora y docente UNaM.

Shalom, Gabriel (2011) “The future of art”: https://www.youtube.com/watch?v=DafvOviUziI

#22, TAPA / Sep, 2016

Contar una bruma

Los sentidos se mezclan, o suelen mezclarse,
vemos solamente aquello que nos han señalado ver.
Vamos como sonámbulos obstinados y chocamos
con puertas que desfallecen, con ondas de emisiones que
se entrecruzan con nuestras propias ausencias.
Nuestros límites mentales han caído por orfandad, uno a uno,
las conciencias van transcribiendo lo que pasa en el fondo o abajo
los rescates se hacen cada vez más complicadosç
cuando los atrapados no colaboran desde adentro.

¿Hay que sacar a alguien de algún lugar?

Transcurrir sobre el todo y pedir permiso y perdón,
son acciones que aburren y cansan.
De lo que queda, quedan las suposiciones, las esperanzas irresueltas,
las vísperas de navidades incompletas, la sombra como método
y la nutrición de los atentos que se impacientan por ver
cómo el silencio puede ser vivido a través de tránsitos y desmesuras
(que van descomprimiéndose) al encender escenas que no se miran a sí mismas
pero que distraen volviendo a aparecer como la bruma,
sobre el agua o a cuestas.

 

Hugo Braga es Lic. En Artes Plásticas. Dirige el taller de arte El Cubo, en Leandro N. Alem, Misiones.

Link relacionado: http://www.boladenieve.org.ar/artista/841/koliva-mauro

#22, CINÉFILOS / Sep, 2016

“¿Qué puede un cuerpo?” Cesar González. 2014

 

El cine debe ser ese espejo donde nos podamos ver.

La obra de Cesar Gonzáles no es una verdad, es un espejo de la sociedad,
en el cual el director busca a través de una narrativa propia representar la marginalidad de los sectores históricamente vulnerados y postergados.

Desde la Villa Carlos Gardel –Morón, provincia de Buenos Aires- emerge una forma de ver la realidad alejada de las convenciones estereotipadas por la gran industria constructora de sentido.

En su segundo film “¿Qué puede un cuerpo?”, es donde los actores sociales encarnan sus propias vidas llevadas a la pantalla, donde se muestran erguidos frente a un sistema que los corrompe, que los necesita muertos de hambres, en patas y robando; pues para este sistema ellos son un número, son villeros, cabecitas negras, chorros, animales y un sinfín de adjetivos peyorativos. Desde ese pedacito de tierra excluido al que llaman villa, González construye un modo de ser, de contarse y de posicionarse frente a la vida.

Durante la película se entrelazan historias paralelas entre un cartonero, tres amigos que planean un asalto y un pibe que pretende convertirse en “pibe chorro”, en ese péndulo se dirime la vida y la muerte de estos jóvenes que buscan pertenecer a un modelo de sociedad que los rechaza. Es el mismo sistema que habla de inclusión, pero muestra los dientes de forma amenazante ante cualquier intento de quiebre del status quo.

Ante este escenario, es inevitable preguntarse ¿por qué un pibe que roba es una noticia más importante ante un pibe que escribe? Pensando en la historia de González, el hecho apunta a los tantos otros pibes que son el resultado de los experimentos de planes económicos políticos y culturales que hemos sufrido los países latinoamericanos.

¿Sería ético pensar en una estética ajena a la que plasma el director?  Se decanta lo narrativo en imágenes crudas, sonido ambiente, no existe la música; es un film donde los sonidos son parte del campo y fuera de campo. La metáfora que encubre al pibe que arrastra el carro como forma de representar el sistema capitalista donde el personaje en su periplo diario recolecta los desechos del hombre ligth.

Vale tomarse el tiempo para ver esta obra de Cesar González, donde las problemáticas que confluyen en ese universo entramado por las relaciones entre los sujetos sociales, se evidencian y plantean de una manera antes no vista por estos lares.    

 

Nicolás Gómez Portillo es Técnico en Medios Audiovisuales y Fotografía, FAyD. Reside en Puerto Iguazú, Misiones.

 

Ficha Técnica
Título: ¿Qué puede un cuerpo?
Año: 2014
Origen: Argentina.
Dirección: César González.
Reparto: Marcelo Chávez, Esteban Rodríguez, Lucas Garribia, Mariano Alarcón, Hernán Paz, Nadia Rodríguez, Nazarena Moreno, Alan Garvey, entre otros.
Montaje: César González
Cámara y Fotografía: Ezequiel Briff, César González
Sonido: Joel Paez- Patricio Montesano, Mariano Mazitelli
Duración: 70 minutos

Link: https://www.youtube.com/watch?v=2CuJHeu2x7U