En La Mira — Boletín de reseñas críticas

ISSN 2618-3056

#1, MISCELÁNEAS / May, 2013

1983. 1993. 2003. 2013.

Si saco bien las cuentas, desde el regreso de la Democracia a nuestro país (1983 con Alfonsín), al día de hoy han pasado treinta años. Son tres décadas y recuerdo bien las calles de Oberá por aquellos días, con canciones en inglés sonando en las radios, donde Michael Jackson era una estrella y nuestros supuestos representantes eran Palito Ortega y folcloristas y tangueros obedientes -los otros estaban exiliados-. En los inicios de los ’80 a mí me intrigaba el arte y digamos que en las calles no había mucho de eso ni mucho de nada que fuera diferente. No había colores en exceso y cuando mirábamos una tarde cualquiera predominaba lo gris y lo azul por todas partes.
Eran tiempos donde lo más importante era el fútbol y la fórmula uno con Reutemann al volante. Veníamos de ver a Maradona hacer magia en el mundial de Rusia y estábamos yendo a lo que sería el esplendor absoluto del fútbol nacional en México ’86. En la “tierra colorada” el fútbol también era importante, seguíamos la campaña de Guaraní Antonio Franco con el máximo apoyo, queríamos que gane, que gane. Lo único que nos importaba era que gane.
Paralelamente y a nivel local hemos seguido las campañas de Ex-alumnos 185 y en las cuatro ruedas a Quique Urrutia y su Falcón “naranja” en el circuito con su trazado de tierra roja reventando de gente y allí gritábamos como locos y levantábamos banderas hasta el cielo buscando que Quique gane. Queríamos que gane y no nos importaba nada más y Quique ganaba y nos llenaba de orgullo.
Eran tiempos así, en los que íbamos ansiosos a ver a nuestros deportistas jugar en sus canchas, a saber: Club Atlético Oberá, Ex-Alumnos 185, Racing de Villa Svea, Olimpia y Libertad (que no tenía cancha pero que tenía corazón), con encuentros feroces y clima de fiesta, casi siempre. Pero, exposiciones de arte casi no había y cuando las había… iba poca gente.
Aun pese a todos los vientos en contra, hubo instituciones Obereñas como la Facultad de Artes, la Fiesta del Inmigrante, la Feria del Libro, el Centro Polivalente de Arte y otras muchas asociaciones que siempre trabajaron por el crecimiento cultural de nuestra región. De la última década podemos hablar con felicidad de Oberá en Cortos y la Murga del Monte como valiosos exponentes del esfuerzo y el loable trabajo de sus integrantes para llevar adelante eventos prestigiosos que nos distinguen a todo nivel y ubican a Oberá en el mapa grande.
Así vemos que mientras el fútbol, el automovilismo y más recientemente el básquet, cuentan con un apoyo importante de dirigentes y empresarios a través de subsidios y publicidad, además de la asistencia de gran cantidad de público, nuestra vida cultural ha tenido que conseguir oxígeno para seguir viviendo a fuerza de coraje y trabajo y el apoyo incondicional de un puñado de obereños entusiastas.
En parte, es así la mezcla que constituye a Oberá, una fina trama de fútbol, básquet y motores rugiendo, con mucha pasión dirigida siempre en un mismo sentido. Nos queda por delante el desafío de seguir trabajando mancomunadamente para alcanzar un merecido equilibrio en la balanza cultural de nuestra ciudad, donde el deporte tenga su apoyo y las artes lo tengan también y no hablo solamente de apoyar económicamente, hablo de asistir a los eventos artístico-culturales; porque nos gusta ser cada vez mejores y no solo más rápidos, y manifestar orgullosos que vamos al cine, al teatro y a los eventos artísticos porque nos hace bien y porque el arte… nos completa.

Jan Kislo es Prof. y Lic. en Artes Plásticas. Artista Visual. Docente UNaM.

#1, RECOMENDADOS / May, 2013

Conceptos viajeros en las humanidades. Una guía de viaje

¿Es válido el uso, en cualquier circunstancia, de un concepto sin conocer su origen, sus desplazamientos, las transformaciones y las utilizaciones anteriores que se le dieron, en las ciencias o en las artes? Sin la intención de limitar o marcar taxativamente cuándo, cómo y en qué se debería utilizar con corrección algún concepto, Mieke Bal propone reconocer el derrotero histórico y la tensión social y política –o, como diría ella de “lo político”-, para evaluar los alcances epistémicos, éticos y estéticos. Para realizar la interpretación de los usos y las apariciones en diferentes disciplinas, una de las formas para apreciarlos es considerando las interacciones, al mismo tiempo interactividades e intersubjetividades, que se pusieron en juego y conformaron la emergencia, permanencia o caducidad del mismo. Además de abandonar la ingenuidad de la no intencionalidad y la neutralidad, el libro hace centro en otras problemáticas con igual importancia: ¿en qué momento y cómo una idea se vuelve concepto? ¿Se tiene en consideración que ese cambio impone una complejidad ineludible que arrastra consecuencias en y de diversos campos?
La propuesta de trabajar con conceptos no se presenta bajo la apariencia de una forma sencilla, que aclara, brinda seguridad y evita desvíos, porque la flexibilidad e inestabilidad estructural son algunas de sus propiedades. Aunque la ambigüedad siempre retorna para mostrar los alcances de los artificios de la estabilidad, las disputas que afloran no constituyen problemas, sino territorios para evaluar diferencias y acompañar, dinámicamente, los cambios y ramificaciones que se encuentran en toda movilidad. El listado de campos en los que Bal emprende viaje constituye una constelación que puede abarcar desde las ciencias duras a las performances del arte visual contemporáneo y, lo más destacable, es que sus fronteras se pueden expandir en la medida que alguien quiera analizar o producir. Algunos de los conceptos que aparecen en esta travesía entre campos y que acompañan, casi ineludiblemente, a las ciencias y artes son: imagen, performance, instalación, texto, contexto, mis-en-scène, tradición, memoria, entre otros.
Proveniente del campo de la crítica cultural, más específicamente de la narratología dentro de la teoría literaria, Mieke Bal no resulta un nombre desconocido para la crítica de la literatura debido a su insoslayable Teoría de la narrativa, pero su condición de videoartista y de comisaria y conservadora es mucho menos conocida y apreciada fuera de Europa. Quizás esta doble pertenencia, a la teorización, crítica y enseñanza, por un lado, y a la producción y curaduría, por otro, expliquen sus intereses que abarcan desde la literatura clásica hasta el arte visual contemporáneo, pasando por estudios e instalaciones sobre los fenómenos de migración y movilidad en la sociedad actual. Conceptos viajeros en las humanidades presenta una problemática compleja desandando las complejidades que la fueron enredando e inaugurando otras, porque la movilidad conceptual es una propuesta de esfuerzo analítico o productivo que, en las ubicaciones de la investigación o el quehacer artístico, nos enfrenta a la incomodidad de pensar y asumir la reflexión y la producción como inseparables. Si el arte cambia, se mueve, muta, y las ciencias sociales y humanas, también, aparece, entonces, una pregunta indirecta que inquieta e inquiere ¿nosotros acompañamos esos movimientos y transformaciones o permanecemos y transcurrimos en el olvidable y seguro espacio de la forma que no arriesga sus límites?

Sergio De Miranda es Licenciado en Letras. Docente UNaM.

Datos de la Obra.
Título: Conceptos viajeros en las humanidades. Una guía de viaje.
Autor: Bal, Mieke (trad. Yaiza Hernández Velázquez.)
Año: 2009
Murcia: CENDEAC
Pp: 460
Link editorial: http://www.cendeac.net/es/editorial/catalogo/50
Imagen tapa: http://www.cendeac.net/es/editorial/catalogo/artimg78258