Comunicación no violenta…

Creemos que no somos violentos, porque no utilizamos la violencia de manera física. Quizás no consideramos -violenta- nuestra actitud al hablar, que a menudo nuestras palabras ofenden o hieren no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos.
El método es simple de la CNV (comunicación no violenta), pero su poder de transformación es extraordinario. Puede aplicarse en todos los niveles de comunicación y situaciones más diversas: relaciones íntimas, familia, escuela, instituciones, terapia, negociaciones, disputas, etc.
A continuación los dos primeros pasos, de forma breve, de la CNV
Observación: actos concretos que observamos que están afectando nuestro bienestar. Esto quiere decir, libre de juicios moralistas que presuponen una actitud errónea o malvada de parte de aquellas personas que no actúan de acuerdo a nuestros valores.
Echar la culpa a alguien, insultarlo, rebajarlo, ponerle etiquetas, criticarlo, establecer comparaciones y emitir diagnósticos son distintas maneras de emitir juicios. Otra forma son las comparaciones, y nuestros deseos en forma de exigencias. Todo esto genera que la otra persona, tenga la impresión de que la estamos criticando, por lo tanto opone resistencia a lo que le decimos. La CNV es un lenguaje dinámico que rechaza las generalizaciones estáticas, “sos malo, eres irresponsable”. Las observaciones tienen que ser específicas del Momento y el Contexto, por ejemplo, “fuiste irresponsable al no llegar a la hora pactada”.
Sentimiento: como nos Sentimos en relación con lo que observamos.
Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos, lo que hacen los otros, puede ser el estímulo de nuestros sentimientos, pero nunca la causa. No debemos creer que somos responsables de los sentimientos de los demás, eso nos esclaviza. Creemos que debemos esforzarnos constantemente en hacer felices a los demás; y cuando nos parece que no lo son, nos sentimos responsables y obligados a hacer algo para que lo sean. Se trata de una actitud que nos lleva a ver a las personas que nos son más próximas como una verdadera carga. Hacerse responsable de los sentimientos de los demás puede ser muy perjudicial en las relaciones íntimas. Llegar a una liberación emocional, donde nos responsabilizamos de nuestras intenciones y acciones, donde respondemos a las necesidades de los demás con solidaridad, nunca por miedo, culpa o vergüenza. Así nuestros actos nos colman de satisfacción no sólo a nosotros mismos, sino también a las personas que perciben nuestro esfuerzo.
Tenemos cuatro opciones al recibir un mensaje negativo: culparnos, culpar a los otros, y las dos últimas recomendadas, percibir nuestros propios sentimientos y necesidades, y darnos cuenta de los sentimientos y necesidades que oculta el mensaje negativo de la otra persona.
Ejemplo citado del libro de la CNV:
A: cuando la otra noche me entere de que no ibas a venir, me diste un gran disgusto
B: Tuve un gran disgusto al enterarme la otra noche de que no ibas a venir, porque quería hablar contigo de ciertas cosas, que me están molestando
La persona A atribuye la responsabilidad de su disgusto únicamente a la acción de la otra persona, mientras que B atribuye el origen de su sentimiento de disgusto, a su propio deseo no satisfecho.
Recuerden, los juicios, críticas, diagnósticos e interpretaciones que hacemos de los demás son expresiones de nuestras propias necesidades y valores. Cuando los demás perciben una crítica, tienden a centrar su energía en la autodefensa o el contraataque. Cuanto más directos sea la conexión entre nuestros sentimientos y nuestras necesidades, más fácil será para los demás comprendernos y responder de un modo solidario.
Os recomiendo Comunicación no violenta de PH. D. Marshall B. Rosenberg. ¡Hasta la vista y más allá!
Florencia Rauber es Técnica en Medios Audiovisuales y Fotografía, FAyD.
Link relacionado: https://www.youtube.com/watch?v=RDMlFlu8rxo



