Casi sal

Porque no te han golpeado verdaderamente,
porque tu libertad no tiene límites,
porque las hojas seguirán cayendo
mientras haya alguien viéndolas caer,
entonces, ¿cómo pretendes mirar los ojos del animal?
¿Cómo quieres tener el añil de la sangre
Tan tremendamente primitiva?
Me abandonarás en alguna de las playas.
Puedo regalarte mi puñal si querés.
Puedo entregarte mis nocturnos.
Sedientos y lánguidos,
no te voy a dar una definición,
no te daré postales
ni nubes sangrantes,
te dejaré una cicatriz para que puedas mirarte.
Lo único que muere son las palabras.
Hasta que termines de llorar.
Sergio de Miranda es Licenciado en Letras. Docente FHyCS – FAyD.



